Ubicado en la corriente del realismo sucio, Gutiérrez (de 49 años) es autor, entre otros libros, de Trilogía sucia de La Habana y El rey de La Habana , en los que describe con crudeza la Cuba de los años 90, tras la caída del Muro de Berlín y la entrada de la isla a su más profunda crisis económica.
Sin calificativos, a rajatabla y sin medias tintas, Gutiérrez recorre los interiores de seres marginales hacinados en laberínticos y oscuros solares y cuarterías (viviendas humildes) de esta ciudad del Caribe.
"Una de las funciones del escritor es correr un poquito las fronteras del silencio", dijo el novelista galardonado, quien vive en el último piso de un viejo y descascarado edificio del populoso barrio de Centro Habana.
Calvo, alto, de complexión mediana y con un tatuaje en uno de sus hombros, Gutiérrez es considerado por la crítica como el "Henry Miller caribeño", mote que no comparte del todo pero que ve como un recurso comercial.
Gutiérrez recibirá el próximo 16 de diciembre, en Santa Cruz de Tenerife, el premio Alfonso García-Ramos de novela, dotado de $50.534 (cerca de ¢15.918.210).
"Yo sé que la literatura mía molesta, molesta un poco, pero lo asumo", dijo el escritor, quien asegura que su intención no es hacer política sino literatura y hacerla desde adentro y no afuera de la isla.
"Me pongo del lado de los pobres, de los que no tienen voz; desde que era niño tuve una vida así, viví en solares. Mi sensibilidad ha estado orientada hacia la gente más pobre. Me parece que la literatura se hace cuando hay bastante conflicto, antagonismo y la gente pobre tiene muchos antagonismos", comentó el autor.