Por Sergio Imbert
Moscú, 11 oct (EFE).- La orden del presidente de Rusia, Vladímir Putin, de erigir en Moscú un monumento a su antiguo jefe Yuri Andrópov, ex presidente del KGB y líder comunista de la URSS, ha levantado polémica esta semana en la sociedad rusa.
La revelación de la noticia por la agencia Feldpochta y la radio Eco de Moscú no arrancó comentarios oficiales del Kremlin, pero sí avivó los temores de los sectores liberales que ven malos augurios en el creciente poder de los servicios secretos en la era Putin.
El "número uno" del Kremlin, quien fue agente del KGB y director de su organismo sucesor ruso, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), ha decidido celebrar de esta manera el 90 aniversario de Andrópov, que se cumple el 15 de julio del próximo año.
Andrópov fue jefe de la policía política del régimen desde 1967 hasta 1982, año en el que fue elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS, máximo cargo en la jerarquía soviética que desempeñó hasta su muerte por enfermedad en 1984.
El líder ruso decidió no instalar el monumento cerca del Kremlin, como se planeaba inicialmente, sino en el sur de Moscú en la avenida que ya lleva el nombre del ex jefe del KGB, considerado el artífice de las "cárceles psiquiátricas" para los disidentes en la URSS.
La colocación de un monumento a Andrópov "supone otro paso atrás, hacia los tiempos cuando los que se oponían al régimen acababan en los psiquiátricos", denunció Lev Ponomariov, presidente del movimiento nacional Por los Derechos Humanos.
Putin, quien en el año 2000 recuperó para Rusia la melodía del himno estalinista de la URSS, en 1999 -siendo todavía primer ministro- restableció en la sede del KGB una placa en memoria de Andrópov, retirada tras el fracaso del golpe de 1991.
El año pasado, varios diputados oficialistas habían propuesto infructuosamente levantar un monumento a Andrópov en la céntrica plaza Lubianka de Moscú, frente a la sede del KGB-FSB y a pocos centenares de metros de la Plaza Roja y el Kremlin.
Aquella propuesta surgió como alternativa tras fracasar otra iniciativa para restablecer allí el monumento al fundador de la policía política soviética, Félix Dzerzhinski, asimismo retirado de la Lubianka tras la derrota de los golpistas en 1991.
El historiador Roy Medvédev consideró absurda la orden de poner un monumento a Andrópov, un político que "no creó una época, ni dejó símbolos", salvo el "andropovka", nombre popular dado al vodka cuando el flamante secretario general ordenó reducir el precio de la bebida nacional.
"Como dirigente de la policía política, era una personalidad en la sombra, poco conocida en la sociedad, y ni siquiera cuando llegó al poder se convirtió en político público", dijo Medvédev, autor de biografías de varios jerarcas soviéticos, a Eco de Moscú.
Según el historiador, que trabaja en un libro sobre Andrópov, éste fue un personaje "controvertido, inteligente, pero dogmático", y erigirle un monumento en la Rusia del siglo XXI "sería un exceso", aunque lo considera un político "honesto" y fiel a sus ideales.
"En la Lubianka (sede del KGB-FSB) ya hay un busto y una placa memorial de Andrópov, su despacho fue convertido en museo, tiene un monumento puesto en su tumba en la muralla del Kremlin y se ha dado su nombre a una avenida: esto es más que suficiente", indicó.
Sí apoyó la decisión del Kremlin Nikolái Kovaliov, antecesor de Putin al frente del FSB, para quien recordar la figura de Andrópov es "un paso muy importante", pues éste guardián de la seguridad del Estado "ha dejado una notable huella en la historia" del país.
Como Putin, hace pocos años, Kovaliov dijo que es hora de acabar con la tradición de "revisar la historia" y "denigrar" el pasado, sea cual fuere la actitud personal de cada uno hacia el régimen del que Andrópov fue fiel instrumento y uno de sus máximos exponentes.
"El impecable profesionalismo de Andrópov es un mal pretexto para halagar sus méritos sociales y humanos. El sistema represivo de la Alemania nazi también estaba a cargo de impecables profesionales", polemizó Alexéi Komech, director del Instituto Estatal de Arte.
Komech vinculó a Andrópov y al KGB con los sangrientos sucesos en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), donde las tropas soviéticas aplastaron con armas los cambios democráticos, y las represiones de los disidentes en la propia URSS.
En contraste con la iniciativa del Kremlin, el diario digital Grani.ru recordó que Elena Bonner, viuda del premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov, rechazó hace poco la propuesta de erigir en Rusia un monumento a su marido, el disidente soviético más famoso que fue condenado al destierro por Andrópov.
"La Rusia de hoy -donde un tercio de la población vive en la miseria, mientras el país lleva a cabo una sangrienta guerra en Chechenia en la que mueren miles de sus soldados y decenas de miles de civiles-, no concuerda con la idea de un monumento a Sájarov", sentenció Bonner en una carta abierta desde Estados Unidos. EFE
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