“¿Por qué no creamos nuestro juego ideal?”, se dijeron dos jóvenes japoneses en los años 80. Dicho y hecho, muchos años después y con gran esfuerzo, lo consiguieron. Eran Satoshi Tajiri y Ken Sugimori, dos muchachos probadores de videojuegos que habían fundado tiempo atrás un
De aquella publicación y de esa inquietud, surgió una de las ideas más arrolladoras y exitosas de la industria del videojuego mundial: los Pocket Monster, llamados luego Pokemon para el mercado internacional, como contracción de ambas palabras.
Hace pocos meses, el 27 de febrero, se cumplió el decimoquinto aniversario del lanzamiento en Japón del primer videojuego Pokémon de la historia, llamado
Sin embargo, la saga llegó a España a partir de 1999 para la consola Game Boy, de Nintendo. “No tenemos nada planeado aún, pero creo que en algún momento de este año haremos una buena comida y beberemos
Sugimori trabaja en la sede de Game Freak, en lo alto de un rascacielos de Tokio, desde donde se contempla la vasta área metropolitana, con más de 30 millones de habitantes.
Desde esas oficinas, Tajiri y Sugimori, junto con Junichi Masuda, han creado y extendido el universo Pokémon desde su nacimiento por todo el planeta. Tagiri diseñó aquel juego
Tardaron años en lograrlo, porque a pesar de que a Nintendo le agradaba la idea, ellos no tenían la liquidez suficiente para hacerlo realidad.
Lo consiguieron solo tras seis años de perseverancia y alguno que otro proyecto que servía para pagar el que realmente les interesaba.
Después de
Lo que empezó con los videojuegos, se convirtió en mucho más que eso: cine (ya van por la decimotercera película), televisión (14 temporadas de dibujos animados), juegos de cartas (presentes en más de 30 países), juguetes y toda una retahíla larguísima de mercadería.
Se trata de un verdadero reino animal, o de monstruitos, compuesto por más de 600 criaturas. “Nos inspiramos en muchos animales. Yo tenía un pájaro, veía cómo se movía, sus formas, etcétera. El señor Tagiri tenía un gato, y ese gato era muy gordo, así que también nos inspiramos en él para uno de los protagonistas de Pokémon”, explica Sugimori.
Cada especie Pokémon posee características particulares. Cuando se enfrentan unos con otros, luchan bajo el esquema de piedra-papel-tijera. Bajo esa lógica, los jugadores son llamados entrenadores porque van mejorando y coleccionando a sus animalillos –“ese es el éxito del juego, que se puedan coleccionar”, apuntan sus creadores–.
Van conquistando nuevos bichitos de ese reino casi animal. El año pasado en Japón, se puso en venta Pokemon Edición Blanca y Edición Negra. Un juego (dos en verdad, tal y como decíamos anteriormente) que ha vendido más de cuatro millones de copias solo en ese país.
La mayoría de los compradores son niños y niñas, aunque también hay adolescentes aficionados. En total, Nintendo ha vendido 210 millones de videojuegos Pokemon desde 1996 para sus distintas consolas, desde aquella Game Boy en la que empezó hasta el Nintendo Wii o el DS.
Entre los nuevos personajes que han creado están Snivy, Tepig o Oshawott, pero el que siempre anda merodeando por ahí es el más famoso de la saga, el número 25, el más reconocible de todos y el mayor artífice de este rentabilísimo negocio: Pikachu.
La omnipresencia del entrañable ser amarillo queda al descubierto en el Pokemon Center, el templo del consumismo oficial de Pokémon en Tokio.
Es una tienda que podría ser el paraíso de cualquier niño y el espanto de sus sufridos padres.
Este lugar rinde culto a la mercadería Pokémon con una explosión de colores y personajes a precios elevados para alguien que lleva en su cartera euros o dólares, mas no yenes.
Los dependientes son un elemento más de este lugar de felicidad y armonía japonesas. Por eso, vendedores y vendedoras entonan unas curiosas voces de personaje de dibujo animado, entre el chillido y la amabilidad que tanto adoran los japoneses.
“Cuando empezamos, nunca pensamos en el dinero o el beneficio. Era divertido lo que hacíamos; así que ¿por qué no hacerlo? Teníamos mucha pasión y eso era lo que queríamos hacer”, explican Sugimori y Masuda.