16 mayo, 2005
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La jornada fue demoledora y al final del día los pies lucían como apretados tamales. Pero cuando eso se debe a algo como lo vivido en el Hope Fest, entonces bien vale la pena.

El festival de hardcore y punk debutó como los grandes el sábado, cuando por 12 horas hizo del bar josefino Boogie un hormiguero de fiebres deseosos de escuchar música original y, de paso, echarle una mano a los programas benéficos de la fundación Samuel.

Los organizadores se apegaron al programa con la rigurosidad prometida y desde temprano las bandas Convicción, Savia y Macbeth arrancaron con la música. La decisión de abrir con grupos consolidados fue un acierto y rompió con la costumbre de empezar con bandas "mantequilla", como bien definió uno de los organizadores. Sin embargo, fue una lástima que el sábado el público se levantara tarde y solo unos pocos estuvieron ahí para oír a los tres primeros actos.

Y es que Boogie se fue llenando lento, conforme pasaban las horas. Además la audiencia se mantuvo en eterna rotación, pues el lugar es un verdadero hornazo, en el que no hay cuerpo que aguante quedarse mucho rato adentro.

No importaba si alguien no participaba en el frenético baile en el pit , pues igual todos salían sudados a agarrar aire a la acera.

Vecinos. El grupo nicaraguense Q69K resultó una agradable sorpresa. El trío de punk se ganó fácil al público tico e incluso uno de sus integrantes cantó un fragmento de Linda Costa Rica .

El cartel de bandas tuvo dos bajas imprevistas: la de xEVIDENCIAx y UFO. Sin embargo, ni el entusiasmo ni el buen manejo del tiempo se cayeron, mientras por la tarima pasaban los veteranos Teatromocracia y Golpe de Estado!

La tarde tuvo tres de las participaciones nacionales más aplaudidas: Nada, No Resolution e Inersia. A su manera, las tres agrupaciones lograron elevar la temperatura y, en el caso de las dos últimas, el baile que provocaron, al pie del escenario, fue cosa seria.

Talento local. Si bien los boricuas Outbreak Hate fueron muy aplaudidos, su número se quedó corto en comparación a la intensidad de las presentaciones de los locales Código Penal y Días de Agonía, encargados de cerrar la tanda de hardcore tico, previo a la presentación de los estadounidenses Evergreen Terrace. Otros que también sacaron la faena fueron los del trío Upshock, último exponente punk en presentarse en el festival.

Cuando la banda norteamericana se posicionó , el lugar lucía lleno y el calor era pesado y denso. Había llegado el momento por el que muchos habían aguantado la extenuante jornada...

Por eso no se entiende aún como Evergreen tocó tan poco (menos de una hora), aunque en el cartel que estaba a la entrada decía que su presentación sería de al menos 90 minutos. Eso sí, su show fue intenso y sabroso, con uno de los pit más encendidos que aquí se han visto.

El cantante Andrew Carey no solo tiene una voz impresionante, sino también un excelente manejo escénico: el flaco rubio se mando al stage diving y giró su micrófono por los aires como un loco. Los foráneos alternaron temas originales con covers como Zero , de Smashing Pumpkins, y cerraron su espectáculo con su versión de Sunday Bloody Sunday , de U2. Cierto que todo el mundo quedó feliz, pero también con ganas de haberlos escuchado más rato. Por dicha los Evergreen prometieron volver y dar más canciones en su próximo "chivo" aquí. Les tomamos la palabra.

Lo bueno: El testimonio de los becados de Samuel que se beneficiarían por lo recaudado ese día. Sus palabras de agradecimiento para aquel montón de desconocidos son la mejor muestra de que el objetivo se cumplió.

Lo malo: El calor insoportable dentro de Boogie, lugar en el que la palabra "ventilador" parece prohibida. También cayó mal la visita de un personero de ACAM que llegó a llevarse el porcentaje de la taquilla que le toca a esa asociación, a pesar de tratarse de un evento benéfico. ¿Es que no pueden hacer excepciones cuando la plata no va a manos particulares sino a las de gente que en realidad la necesita?

Lo feo: El tremendo golpe que se llevó un músico nacional al ser empujado desde la tarima por uno de los técnicos, cuando Outbreak Hate tocaba. Además, que se prohibiera al público ingresar con cadenas colgando del pantalón cuando organizadores y músicos fueron los primeros en portarlas.