Dicen que ese asesinato de Viernes Santo hizo que Poás no se desarrollara. Que un Chele mató a un nieto de Mamá Chica en plena procesión de Santo Entierro. Que el castigo superior habría caído sobre Poás por dar albergue a dos familias Murillo que se la tenían jurada.
Rifles, jinetes, rivalesÖ, mitos, historia.
Ya se desvanecieron las rivalidades de antaño. Ya no hay tantos cafetales y los trapiches que quedan son casi joyeros del Poás antiguo.
La historia de este cantón alajuelense retrocede hasta tiempos de la colonia y los indígenas votos, grupo nativo de ese lugar.
Pese a tan añejos registros, el cantonato lleva una estadística muy precisa que le permite celebrar este mes sus cien años, desde que el presidente de entonces, Rafael Iglesias, dio el "ejecútese".
El Poás de 1901 era inmensamente rural. Ahora el "inmensamente" se destiñe conforme al ritmo del mundo. Aquellos 1.591 habitantes tenían más cafetales y cañales que los 24.580 de ahora. Pero ahora hay caminos pavimentados, límites definidos y un desarrollo turístico recostado a las paredes del volcán Poás, toda una referencia.
Así, entre progreso sin urbanismo y campesinado sin poesía, este octubre dio a los poaseños el chance de festejar por algo distinto que la fecha de su patrón, San Pedro, o su "defensor adjunto", San Isidro.
El concejo local no desperdició la celebración y auspició la publicación del libro Historia del Cantón de Poás , del historiador Percy Rodríguez Argüello. Sus líneas recogen cada año, desde que Poás no era Poás, sino una zona de tránsito para los huetares, los colonos y las mulas, en ese orden.
El Sitio de la Calabaza
La práctica social de la misa de 6, la sabrosa maña de engordar cualquier chisme y la aún más placentera sensación de sentir que cualquiera es primo, tienen fundamento en la tradición de años, desde que llegaron las primeras familias procedentes de Heredia y de la Villa de Barva, atraídos por los denuncios de tierras baldías.
Posiblemente se ocuparon de los fértiles y quebrados terrones de San Rafael, la fresquísima brisa templada de Sabana Redonda o los vecinos lares de Carrillos, un aliado de Poás en la lucha por el cantonato.
Según la investigación de Rodríguez, en 1837 los "colonos criollos" ya llamaban a este territorio con el nombre del "Sitio de la Calabaza". No se sabe si por una legendaria mata de esta fruta, por los extensos sembradíos o por un anciano que solía asustar con una calabaza y un candil.
Tampoco se tiene muy claro el nombre de Poás. Los historiadores mencionan la posibilidad de un viejo nombre dado por los indígenas a uno de sus caseríos y el vocablo "poa", dado por los nativos a un zacate propio de la zona.
"También, la versión popular dice que el poblado se asentó en un sitio conocido como Púas, debido a la existencia de gran cantidad de plantas de mora", cita Rodríguez.
Por las moras, por las púas o por puro capricho, Poás fue el nombre que se tuvo que enfrentar al de Sabanilla en la lucha por convencer a los diputados de la administración Iglesias sobre la conveniencia de erigirse como el octavo cantón de la provincia de Alajuela.
El libro habla de la reticencia del presidente Iglesias para crear nuevos cantones, un hombre autoritario hasta el punto de decir "habrá elecciones libres, pero el presidente será Iglesias". Hasta que el Congreso reselló el proyecto y al mandatario no le quedó más que dar el "ejecútese", el 15 de octubre de 1901. De hecho, fue el único creado durante su administración.
En adelante, los Murillo, los Herrera y los Rodríguez se propagaron como "Buendías" los personajes de Cien años de soledad en un Macondo eternamente sencillo, un poblado que solo acepta la competencia si se aplica a lo interno. Nunca ha sido, ni lo será, el mejor o el peor cantón en nada. Ahí vaÖ sobreviviendo, superando ratos como el dengue de 1920, los temblores de 1924, los daños en el templo parroquial y las balaceras entre familias, entre 1926 y 1931.
Cantón agrícola
Ahora el reto de Poás es el de cualquier otro cantón que se nutre de las ganancias de la actividad agrícola. En tiempos de crisis como ya le llaman a estos es difícil que los estadounidenses compren flores por montones y es poco probable un súbito aumento en el precio del café, principales productos de exportación del cantón.
El alivio poaseño está, como también lo dicta el ritmo mundial, en el sector industrial y de servicios, con casi la mitad de la población empleada en estos sectores, según estadísticas oficiales.
No faltan los esfuerzos de poaseños de cepa que se entregan al progreso del cantón. Una comisión por aquí, una contribución por allá, la Cruz Roja local, una visita a su volcán.
PoásÖ ahí va creciendo. Tiene poco más que lo básico, pero vive muy tranquilo. Se actualiza y reconstruye sobre viejas tradiciones. Ya cumplió cien años, con todo y el mito que encierra esta edad, la que cualquiera utilizaría para representar una eternidad.
Este mes hay fiestas en Poás. Ya hay más que 46 lámparas incandescentes en San Pedro la cantidad que alumbraba a Poás en 1830 y, aunque no se verán vestidos tan largos ni trajes tan negros, hay tanto orgullo como hace cien octubres, cuando Poás era inmensamente rural.
Carnéde Poás
Extensión: 73,8 kilómetros cuadrados
Población: 24.580 personas por cada kilómetro cuadrado: 333
Distritos, según cantidad de pobladores: Carrillos, San Pedro (cabecera), San Rafael, San Juan, Sabana Redonda
Cantones vecinos: Grecia Valverde Vega y Alajuela.
Actividades productivas: café, lecherías, caña de azúcar, helechos y flores para la exportación. Turismo nacional e internacional en la altura del cantón, en los distritos de San Juan y Sabana Redonda, cercanos al Volcán Poás. También hay empleo en el creciente sector de los servicios.