El arte costarricense está de luto entero. Y no es para menos: Pedro Arrieta, uno de nuestros máximos representantes de la plástica contemporánea, falleció el miércoles por la tarde, víctima de un cáncer linfático que padecía desde noviembre anterior.
Sus restos mortales fueron trasladados la noche del miércoles hacia su natal y querida provincia de Limón y sus honras fúnebres se realizaron ayer en horas de la tarde, en presencia de amigos, vecinos, la comunidad artística costarricense y autoridades del ramo.
El deceso de Arrieta, quien nació en 1954, constituyó, indudablemente, un doble golpe al arte costarricense, pues el mismo miércoles las autoridades habían anunciado, en horas de la mañana, el fallecimiento de un grande de la poesía nacional, Jorge Charpentier, premio Magón 1997, quien tenía 70 años de edad.
Pérdida enorme
Para Ileana Alvarado, curadora de los Museos del Banco Central, la pérdida de Arrieta es enorme, pues en efecto, el artista era uno de los mayores representantes de la plástica costarricense.
Precisó que además de un humor fino, casi hasta el sarcasmo, el artista supo expresar, tanto en sus pinturas como en sus atrevidas instalaciones, el paisaje costarricense, pero no ese típico, sino el de la realidad que a veces nos duele.
Alvarado recordó, entre otros detalles, sus famosos motivos alegóricos al futbol, el dengue, el guaro y la Virgen de los Ángeles, que "hablaban" de las cosas lindas de los ticos, pero también de una realidad que no solemos o queremos ver.
Arrieta era Bachiller en Artes Plásticas, con especialidad en pintura. Egresado de la Facultad de Bellas de la Universidad de Costa Rica.
Además, fue miembro fundador del Parque de la Expresión y ganador de numerosos premios.
Según precisó Alvarado, otra de las grandes pasiones de Arrieta, además de su arte agigantado, era la docencia.
Arrieta desempeñó los cargos de profesor de Litografía y Creatividad en la Universidad Autónoma de Centroamérica. Fue profesor de Xilografía y Orfebrería en el Centro Universitario de Occidente, ocupó cargos en la Universidad de Costa Rica y fue curador y profesor de exposiciones del Instituto Tecnológico de Costa Rica durante muchos años.
Ocupó también uno de los sitiales de honor en el grupo Bocarac´á, ese grupo de artistas, que nació en 1988 y que aún sigue junto, hermanado por las ganas de hacer bien las cosas.
Bocaracá, cuyos "enormes colmillos" pertenecen a la generación de los 80, logró con sus Arrieta, Maffioli, Chacón, Hernández, Herrera, Lizano, Martén, Rojas y Urbina, sacudir un poco el medio artístico costarricense con un empujón de renovación, unido por los fuertes eslabones de la amistad de todos y cada uno de sus grandes artistas.
Pedro Arrieta, grande entre los grandes de la plástica contemporánea costarricense, volvió, para siempre, a su tierra natal en medio de muchos y prolongados abrazos y adioses.