Roma, Italia . Con las mejillas apenas maquilladas de niño sano y el pelo corto como un muchacho rebelde arrepentido, Roberto Benigni parece haber escapado por unos minutos de las páginas del libro Las aventuras de Pinocho , de Carlo Collodi.
Benigni, el actor, director y coguionista de Pinocho , su última criatura, aparece en un escenario mágico construido de cartón y de piedra, tras cinco meses de filmación a puertas rigurosamente cerradas en una antigua fábrica de abonos en Papigno, Terni, cerca de Roma.
El sueño de toda la vida de Benigni ha sido el de interpretar a Pinocho, aunque para ello haya debido esperar 49 años. "Ya tengo la edad de Geppetto", bromea y ríe con esa sonrisa única y contagiosa, que a ratos no se sabe si lo que dice va en serio o en broma.
"Interpretar al muñeco de adulto es como interpretar a Don Quijote de pequeño. Pinocho no tiene edad y tiene que ver con todos, desde el nacimiento hasta la muerte. El niño de la nariz grande es la imagen de las ánimas vivas de todo el mundo, representa el fundamentalismo de la alegría". Lo dice Benigni que, tras haber concluido la filmación de esta película, finalmente decide hablar y lo hace en un monólogo de 10 minutos lleno de humor y con algunas piruetas de tacones. Se dirige a periodistas italianos y extranjeros desde el Teatro de las Marionetas, rodeado de un hermoso jardín encantado, con carruseles de caballos, la carroza de plata del hada madrina, cisnes, gallinas, patos y muchísimos muñecos.
El plató de Pinocho es una fiesta de colores: queques gigantes, el vestido café del zorro y el negro del gato, la toga del juez, el hada madrina (la mujer de Benigni, Nicoletta Braschi) que intenta fijar en su cabeza una larguísima peluca turquesa. Entre miles de vestidos no podrían faltar el del grillo hablante (Peppe Barra), el perro Medoro (Mino Bellei), el del director del circo, Alessandro Bergonzoni y el de Geppetto (Carlo Giunffré), entre otros.
En este maravilloso mundo mágico hay también paredes con ruedas que giran y reproducen los tres pueblos imaginados por Oscar Danilo Donati, fallecido a los 75 años hace pocas semanas. Donati, que no era amigo de los efectos especiales, recreó el pueblo realista de Geppeto, aquel que no existe, el de los juegos y el del mar. Cada escenografía reproduce la Italia de finales del 800 a 1920, aunque el autor de Pinocho, el italiano Carlo Collodi, ambientó su obra entre 1880 y 1883.
Una megaproducción
En cada palabra, en cada gesto, Benigni transmite la alegría enorme de esta nueva aventura. Su madre no sabe leer y por eso nunca le leyó la historia de Pinocho. Cuando era niño y la desobedecía, la señora lo amenazaba diciéndole que le crecería la nariz. Cumplidos los 20, cayó es sus manos el libro de Collodi y, desde entonces, en su cabeza solo rondaba la idea de dar vida al muñeco de madera.
Concluido un filme, Benigni se imaginaba con una nariz grande; sin embargo, otros proyectos ocupaban su energía. El propio Fellini (uno de los grandes directores de cine italiano. Nació en 1929 y murió en 1993) le había propuesto encarnar al muñeco de madera que se convierte en ser humano, pero la falta de tiempo se lo impidió. Por fin le llegó la hora de interpretar este personaje que a Benigni le cae al pelo, pues ha creado un Pinocho bailarín, ágil y capaz de dar saltos mortales.
"Este siempre ha sido mi sueño, pues se trata de un libro más leído que la Biblia y el Corán. Una gran novela, que en tiempos de fundamentalismo nos brinda una sonrisa, una abundancia de delicias, es la capacidad de hacernos vivir en un sueño o de sugerirnos la posibilidad de soñar y de vivir", continúa el cineasta.
Tras el éxito de La vida es bella , (rodada en el mismo set de Pinocho) Benigni se zambulle en esta nueva aventura, que sin duda dará mucho de qué hablar. La película es una producción colosal: participan un centenar de técnicos, una gran cantidad de actores extras y cuesta $45 millones de dólares, alrededor de ¢130 millones.
Distribuido por Miramax, el filme llegará a las pantallas de todo el mundo en setiembre próximo y es producido por la Melampo Cinematográfica, propiedad de Benigni y su esposa, la Braschi. El guión ha sido creado por Benigni junto con el guionista y escritor Vincenzo Cerami, cómplice de otros proyectos.
Los efectos especiales estarán a cargo de Rob Hodgson ( El tigre y el dragón ). En este tema de los efectos especiales, Donati, el escenógrafo recién fallecido, decía que son más bien "defectos especiales", pues él era un artesano puro. Sin embargo, Benigni parece haber encontrado un equilibrio entre la creatividad de Donati y las modernas tecnologías.
"Una vez montados los efectos especiales, me veré actuando entre gigantes y millones de ratones blancos. No me olvido, que en medio de todas estas criaturas mi misión es regalar el sentido de lo maravilloso en un momento poco agradable para la humanidad del mundo entero. Palabra de Pinocho".