La cuenta regresiva está en marcha y el Gobierno se ha comprometido a no interrumpirla.
A partir del 12 de mayo, el relleno sanitario de Río Azul de la Unión será pasado. Quedará atrás la historia de los 4 millones de toneladas métricas de basura llevadas a ese vertedero.
En menos de 21 días, los 12 ayuntamientos que integran el Convenio Cooperativo Intermunicipal (COCIM) tendrán que decidir si construyen un gran relleno -que reciba toda la basura del área metropolitana- o varios de carácter regional.
En aquella fecha vence la última prórroga solicitada por el Gobierno para abrir otro vertedero que sustituya al de Río Azul, que ha recibido los desechos desde 1973. Las autoridades han afirmado, una y otra vez, que el proceso de cierre técnico es irreversible y que el plazo será respetado al pie de la letra.
Pero escoger uno o varios sitios es un serio escollo, precisamente por la mala experiencia en el manejo de Río Azul, parámetro con el que la mayoría de los costarricenses mide la confiabilidad y viabilidad de un nuevo relleno sanitario.
La férrea oposición de los vecinos de Santa Ana, como antes de los cantones de Esparza y Mora, se explica por el temor de las comunidades a tener un basurero (y con él moscas, roedores y zopilotes) en sus dominios.
Sin embargo, un estudio sobre el problema de la basura en el área metropolitana, realizado por la Consultoría Interdisciplinaria en Desarrollo (CID) para la Comisión Nacional de Emergencia (CNE) reveló que la mayoría de los costarricenses aceptaría un relleno en su pueblo, siempre que su diseño sea científico y se maneje en forma técnica.
De acuerdo con este sondeo -efectuado a 592 personas, mayores de 18 años, residentes del área metropolitana-, en los últimos 17 años la población de este sector aumentó en un 67 por ciento, mientras que el volumen de basura, para la misma zona, creció un 132 por ciento. La solución para el problema se vuelve, pues, apremiante.
Unica opción
Existen en el mundo muchas técnicas para la disposición final de los desechos. Las principales son relleno sanitario, incineración y compos. Este último consiste en fabricar un acondicionador del suelo con base en la separación del desecho orgánico.
Sin embargo, por las características que presenta la basura que se genera en nuestro país -un 58 por ciento de materia orgánica, con un 60 por ciento de humedad-, la técnica más efectiva es la de relleno sanitario. Según Víctor Ojeda, ministro de Asuntos Específicos, el 85 por ciento de los sistemas de deposición en el mundo son rellenos sanitarios.
El funcionamiento de uno de estos es muy sencillo; consta de cuatro etapas: esparcir la basura, compactarla, cubrirla con tierra y, finalmente, apisonar el material de cobertura.
Paralelamente, se debe contar con técnicas para el control de los gases (derivados de la descomposición de la basura) y los lixiviados (líquidos contaminantes que generan los sólidos al descomponerse).
Si este procedimiento se cumple, no hay por qué preocuparse de los malos olores, zopilotes o roedores, aseguró Gerardo Meneses Brenes, director de Saneamiento Ambiental de la Municipalidad de San José. "Las temperaturas que se generan impedirían la vida de cualquier elemento; además, si la basura está tapada, no tiene por qué haber zopilotes o ratas."
No es botadero
Para que el temor de los ticos no se convierta en realidad y de relleno sanitario, al cabo de un corto tiempo, se pase a botadero, se necesita más que la eficiente cobertura de los desechos. Con la creación de la Ley del Ambiente, Ojeda aseguró que "ahora se cuenta con un ministerio, una ley y un reglamento que le permiten al ciudadano verificar y denunciar, en caso de que sea necesario, el buen procedimiento de un relleno sanitario".
El costo operativo de un relleno, según Ojeda, es de $8 (¢1.632) por tonelada. Según el Ministro, cada persona debería estar pagando al menos ¢600 al mes por concepto de recolección de basura. En la actualidad, la tarifa (¢150 mensuales por vivienda) no cubre el costo del servicio.
Aunque la principal preocupación de los costarricenses es el problema de la basura en su comunidad, solo el 56 por ciento estaría dispuesto a pagar entre ¢400 y ¢500 mensuales.
De allí que el ministro Ojeda insistió en que el problema de la basura no es solo un asunto técnico; involucra también la estructura municipal y la concienciación ciudadana.
Rellenos regionales
Cuando se habla de rellenos sanitarios regionales, muchas personas se imaginan uno para cada cantón. Esto no es posible, por lo oneroso que resultaría instalar infraestructura en comunidades que producen poca basura.
También es cada vez mayor el interés por el reciclaje. No obstante, en este punto, Ojeda expresó que esto solo funciona bien cuando se tiene un sistema de recolección moderno que sea compensado por las empresas de vidrio, papel y aluminio a las que se les estaría llevando la materia prima. Además, es un proyecto a muy largo plazo.
Un relleno, por más pequeño que sea, debe cumplir con toda la legislación actual en materia de manejo de desechos sólidos. Sin embargo, sí es posible hacer un manejo técnico y responsable de la basura, y es una opción viable en un país subdesarrollado, como el nuestro. Hay experiencias positivas en el barrio San José de Alajuela y en Cervantes de Alvarado, Cartago.
Los regionales son otra posibilidad que se ha analizado. De hecho, en el Ministerio de Asuntos Específicos, desde junio del año pasado se inició el estudio de 33 lugares, con la ayuda de la Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Ya fueron elegidos siete sitios ubicados en los cantones de Vázquez de Coronado, Moravia, Aserrí, Santa Ana, Desamparados y Mora, los cuales cubren los sectores, noreste, sureste y oeste del área metropolitana, hecho que facilitaría a los municipios el traslado de los desechos.
Todos estos sectores cuentan con investigaciones que respaldan la idoneidad de la elección. "En estos momentos, los municipios están hablando con los dueños de los terrenos, previa valoración de Tributación Directa, para comprarlos y así terminar los estudios que faltan", afirmó Ojeda.