
El Clarín, Argentina
La metáfora visual del avión que despega a toda velocidad desde el arte del nuevo álbum de Pericos (ahora sin "Los") resulta de lo más acertada para este concierto con el que, el sábado 2, la banda presentó oficialmente en vivo 7, su primer trabajo discográfico sin Bahiano.
Un álbum de canciones que certifica aquello que no se cansaron de repetir durante casi 20 años de vida: "No somos una banda de reggae, si pertenecemos a algún lugar es al rock nacional".
Ahí están entonces los siete músicos sobre el escenario, mostrando su refrescante vuelta de tuerca sonora, mucho más cerca de la psicodelia pop beatle que del reggaetón que, justo ahora, suena en las discos argentinas como el ritmo del momento.
Ahí están las nuevas canciones y también las viejas, remozadas y enérgicas, sin uoioios ni jejeis, pero con la contundencia necesaria como para asegurar la firmeza del primer paso (suenan con la justeza de una banda que no sale de la sala de ensayo desde hace meses).
"Estamos acá, estamos muy contentos". La autoarenga de Juanchi Baleirón (guitarrista, productor y, desde el último año, cantante) se escuchó en la noche de Obras como un mantra, una y otra vez, como si de eso se tratara todo esto al fin.
Estar, a pesar de todo, y disfrutar del espíritu "volver a empezar" con el que se impregnó esta banda de amigos.
Recital. Los primeros cuatro temas develaron la estructura que se repetiría durante poco más de dos horas. De arranque, el mismo uno-dos que abre el álbum, Fácil de engañar y Planeta de mentiras , para luego despacharse con dos clásicos en sus respectivas nuevas versiones, Home Sweet Home y Nada que perder.
También en los primeros minutos del concierto queda claro que Pericos no sufre de Bahiano-dependencia y que un maquillaje hecho con dedicación le sienta bien a varios de esos viejos hits que habían sufrido, y mucho, el implacable paso del tiempo. Incluso algunos de ellos suenan más completos en manos de estos Pericos 2005.