Por Ana Mendoza
Madrid, 12 jun (EFE).- El escritor Arturo Pérez Reverte demostró hoy que conoce a fondo "los entresijos idiomáticos" del Siglo de Oro al recrear en su discurso de ingreso en la Real Academia Española el habla marginal de los rufianes y valentones de la época, aquellos que "vivían mitad de las mujeres, mitad de alquilar su espada".
Fue un alarde lingüístico que, sin duda, sorprendió y divirtió a muchos de los asistentes al acto, que estuvo presidido por el Príncipe de Asturias, heredero de la Corona española.
Durante una hora, más de uno pudo tener la sensación de que Pérez Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) no ingresaba solo en la Academia.
Lo hacía acompañado por algunos de los personajes del Capitán Alatriste, esa serie con la que el escritor trata de explicar a los jóvenes "la España en la que hoy vivimos" a partir de lo sucedido en el pasado.
"Somos lo que somos porque, para bien o para mal -a menudo más para mal que para bien- fuimos lo que fuimos", dijo el autor de "La Reina del Sur" al contar por qué había elegido para su discurso el habla de germanía, una jerga que le es familiar desde que en 1995 comenzó a relatar las aventuras del Capitán Alatriste.
Esa lengua marginal, dijo, es "paralela a la general y en continua interacción con ella", evolucionó con el tiempo y "hoy es lo que algunos llamamos 'golfaray': el argot de los delincuentes".
Pero antes de demostrar cómo era "El habla de un bravo del siglo XVII", título del discurso, Pérez Reverte aseguró que jamás había codiciado ser académico, hasta que Gregorio Salvador, que luego le daría la bienvenida en nombre de la corporación, Eduardo García de Enterría y Antonio Muñoz Molina lo propusieron para que se sumara a los trabajos de la casa.
Y como manda la tradición, elogió también a su antecesor en el sillón "T" de la Academia, el filólogo Manuel Alvar, al que el escritor murciano definió como "pionero en la 'globalización' de la filología española".
Doctor "honoris causa" de 25 universidades, "el hondo saber de aquel maestro indiscutible de la dialectología española" abarcó innumerables facetas "y culminó en la titánica obra de los atlas lingüísticos, donde trazó la casi totalidad de la geografía del español", dijo Reverte.
El nuevo académico jalonó su discurso con citas de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Calderón para ilustrar el habla de los rufianes del XVII y contar "como lector que accidentalmente escribe novelas; como corsario ante un rico botín -el de la lengua- que saqueo sin escrúpulos", un día cualquiera en la vida de esos espadachines.
"Tal es el privilegio del escritor de ficción que maneja una lengua tan hermosa como la nuestra", señaló.
"El 'bravo', el valentón, se levanta tarde. La noche, que él llama 'sorna', es su territorio; y a veces, para su gusto y oficio, algunas 'clareas' (algunos días) tienen demasiada luz", leyó.
"Ya empieza a bajar el sol sobre los tejados de la 'ancha', la ciudad (que en este caso es Madrid), cuando nuestro hombre se echa fuera de la 'piltra' (cama), carraspeando para aclararse la 'gorja'", fueron las primeras palabras de esa historia, nada fácil de leer dados los numerosos romances y jácaras que intercaló y la profusión de términos propios del habla de germanía.
El rufián de esa historia utiliza una "lima" por camisa, ignorando, por supuesto, que la palabra "lima", como otras de "su parla", sigue vigente en el golfaray de los delincuentes del siglo XXI, aclara el escritor.
Se pone los "alares" o calzones, "enfunda luego las 'gambas' (piernas) en las 'cáscaras', las medias, y después se calza lo que algunos germanes llaman 'duros' o 'pisantes', pero que él prefiere denominar 'calcos'", tal vez, dice el escritor, porque si tiene que poner pies en polvorosa cuando asoman "gurullada" de alguaciles, "suena más digno cuando se lo define con la palabra 'calcorrear'".
"Los 'hombres de hígado' como nuestro bravo no se van, sino que se 'alonan'. Nunca huyen, sino que 'se trasponen', 'se alargan', 'redoblan', 'las afufan' o 'se van al ángel', contaba Pérez Reverte del "bravonel" de su historia, que jamás sale a la calle sin ceñirse al cinto la espada o "toledana" y que "por aquello de que para ir 'artillado' más vale que sobre y no que falte, completa el equipo con una 'ganchosa' vizcaína: una daga de ganchos".
Que en el "oficio de valentía, hombre precavido mata por dos, o por siete", pues el héroe de esta historia es de aquellos a quienes hacía decir Calderón: "¿Y cuántos hombres son estos/ que he de matar? Porque vaya,/ con que si no son cincuenta,/ con menos no hacemos nada", recitó Pérez Reverte, cuyo discurso transcurrió todo el tiempo en ese tono.
En la respuesta, Gregorio Salvador dijo que con este discurso el autor de "El húsar" había demostrado "hasta qué punto conoce los entresijos idiomáticos del Siglo de Oro" y afirmó que Pérez Reverte llega a la Academia "cargado de lecturas, de saberes y de experiencias, y con una ya extensa obra literaria de amplísima aceptación e indiscutible calidad". EFE
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