
Con todo listo, marchan hacia el cerro de la Muerte a dar alimento y ánimos a más de 4.000 romeros que vienen desde la zona sur hacia Cartago. Esa es la misión que llevan cumplida por más de dos décadas.
Los preparativos comienzan días antes, cuando en su casa se alistan los panes.Vecinos y hasta algunas empresarios se apuntan con recursos para asegurarse de que ningún romero se quede sin al menos algo caliente que tomar durante su viaje.
Por esta razón es que al suyo se le conoce como “el camión de la aguadulce”, que sale desde las 4 a.m. del 29 de julio rumbo al cerro y regresa tras días más tarde a San Isidro.
“En 1991 uno de los organizadores vio que yo tenía un camioncito, entonces me preguntó sí yo quería colaborarles en cargar las maletas de los romeros, y sin pensarlo dos veces le dije que sí y aquí seguimos”, comentó don Alberto quién tomó esta tarea como si fuera un mandato divino de la mismísma Virgen de Los Ángeles.
Cinco años después de aquel pedido, comenzaron a montar sobre la cabina una réplica de la La Negrita para que guiara a los peregrinos.
“Nunca ningún romero se ha ido en seco, siempre paran a tomarse o a comerse algo al camión, incluso un día pasó un señor que nos pidió banano con leche y desde entonces echamos eso por si lo volvemos a ver”, aseguró doña Leila.
Ellos realizan tres paradas, una por cada día, la primera en el sector de la Hortensia, la segunda en la entrada a San Gerardo de Dota y la última en Casa Mata de El Guarco.
El primer día reciben a los romeros de la zona sur, pero conforme avanzan el trabajo se triplica ya se unen caminantes de pueblos aledaños a la carretera Interamericana.
“La última parada es la más dura, ya que comienza a pasar toda la gente que viene del sur, San Vito, Quepos, San Isidro y otros lugares. Solo este día calculamos que atendemos a unas 2.000 personas. De igual forma, siempre queda mucho pan que tenemos que ver como regalamos”, explica doña Leila.
A esta pareja se les unen dos hijas en el viaje, Irma y Iliana, quienes arman en el cajón del vehículo un verdadero fogón para las bebidas calientes. Esto, dicen, lo hacen solo por servir.
“Para mí esto es muy duro, hay que trabajar mucho. No solo es darle comer, mucha gente se acerca y lo busca a uno para hablar y descargar algunas penas”, relato doña Leila.
”Yo le digo a ella (la Virgen) que soy su instrumento, y que me de fuerzas para seguir ”, dijo.