Por María Peña
Washington, 17 ago (EFE).- Altos cargos del Pentágono y el director interino de la CIA, John McLaughlin, pidieron hoy cautela al Congreso en la reforma de los servicios de espionaje de Estados Unidos, para evitar que al corregir un problema se creen otros.
El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dijo que comprende la urgencia de reformar el sistema -cuya estructura data del decenio de 1940- para responder a la amenazas terroristas del siglo XXI, pero expresó dudas sobre la eficacia de una centralización del poder.
"Es más fácil criticar y encontrar defectos que hacer algo constructivo" y si se centralizan las operaciones de inteligencia, fuera de la órbita del Pentágono, "tenemos que asegurarnos que resolvemos problemas y no creamos unos nuevos", manifestó Rumsfeld, durante una audiencia del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado.
"No quisiéramos poner nuevas barreras o filtros entre los mandos militares y las agencias (de espionaje)" que les aportan información, agregó Rumsfeld, al describir el reto de mejorar la forma en que se recaban los datos de inteligencia.
El Comité analizó hoy durante una audiencia las implicaciones de la reforma de los servicios de inteligencia en las operaciones militares de EEUU, algo que ha puesto a la defensiva tanto al Pentágono como a la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
La Comisión que investigó los atentados de 2001 recomendó, entre otros cambios, la centralización del poder de los servicios de espionaje en la figura de un Director Nacional de Inteligencia, que supervisaría las actividades de las 15 agencias de espionaje del país y, sobre todo, controlaría su presupuesto.
La idea de los senadores era delimitar los poderes y responsabilidades que tendría ese nuevo director, si es que se aprueba el cargo.
El presidente George W. Bush cree que el nuevo director debe tener la autoridad necesaria para cumplir con sus funciones, pero no se ha pronunciado directamente sobre si éste tendría control presupuestario.
La CIA y el Pentágono, que controla aproximadamente el 80 por ciento de los 40.000 millones de dólares anuales destinados a los servicios de inteligencia de EEUU, coinciden en que se deben mejorar los servicios de inteligencia, pero se resisten a que ese director tenga control absoluto del presupuesto.
"El control del dinero, después de todo, equivale a poder", comentó el senador demócrata Joseph Lieberman, quien ha insistido en que demorar las reformas sólo ayuda a los enemigos.
Desde su puesto como director interino de la CIA, McLaughlin ha reiterado en el pasado que ese cargo sólo aumentaría la burocracia federal.
McLaughlin defendió las acciones de la CIA desde los atentados de 2001, y se quejó de la "caricatura" y el estereotipo que persisten sobre los continuos problemas de su agencia.
"La imagen que muchos tratan de perpetuar, de una comunidad de inteligencia que no comparte información o no trabaja de forma conjunta, no es la comunidad que yo dirijo", enfatizó McLaughlin.
El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Richard Myers, se hizo eco de las declaraciones de Rumsfeld al indicar que "debemos proceder con cautela... y cuidarnos de no crear nuevos problemas".
Tanto demócratas como republicanos han aceptado las recomendaciones de la Comisión del 11-S respecto a la obtención y análisis de los informes de inteligencia, pero difieren sobre la rapidez con la que se deben institucionalizar estas reformas.
El Congreso ha realizado alrededor de 20 audiencias al respecto, mientras varios legisladores han presentado proyectos de ley para poner en marcha las reformas.
No está claro si, en un año electoral y con un reducido calendario legislativo, el Congreso logrará aprobarlas.
Pero no sería la primera vez que el Congreso y los servicios de espionaje se enzarzan en un debate nacional sobre cómo corregir las deficiencias y redundancias, y mejorar la "cultura" dentro de la CIA y otras agencias de espionaje.
La premura ahora se debe a que, tras los atentados de 2001, una vez diagnosticada la "enfermedad" -la descoordinación de los servicios de inteligencia- han aumentado las presiones políticas para un cambio real. EFE
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