No es su gran tamaño ni su feroz sonrisa lo que atrae a lo visitantes del zoológico de la provincia argentina de Mendoza, sino el hecho de que Pelusa, una osa polar de 23 años, es de color violeta.
Pero lo es por capricho de la ciencia y no de la naturaleza, Pelusa quedó teñida de este llamativo color luego de que los veterinarios del Jardín Zoológico de Mendoza le aplicaron una sustancia para curar una afección en la piel.
"Como Pelusa sufría una dermatitis le aplicamos violeta de genciana, que es un colorante que funciona como antiséptico y que se usa también en pediatría para los hongos en los pies de los niños", explicó Alberto Duarte, veterinario del zoológico, ubicado a unos 1.100 kilómetros al oeste de Buenos Aires.
"Va evolucionando favorablemente y en una semana va a dejar el color violeta", añadió.
Vida de morado
Indiferente a su estilo psicodélico, la osa de 180 kilos, se pasea por la jaula ante los gritos desaforados de niños y grandes.
El único que parece inquieto es su novio, Arturo, otro oso polar que la dobla en peso, y que desde que Pelusa cambió de aspecto la mira de reojo.
Pelusa y Arturo, en pareja desde 1994, tendrán que estar separados unos días más hasta que la hembra pierda el color violeta y vuelva a su blanco hueso natural.
"Nunca imaginé que iba a llamar tanto la atención. Han llamado de diferentes partes del mundo y hemos recibido correos electrónicos con comentarios graciosos", comentó Duarte.
Quizá por eso, los guardaparques ya bromean con teñir de verde a los leones.