Un deseo sexual que, en el mejor de los casos, solo deja malos recuerdos de una infancia, pero que, en el peor, puede llevar al asesinato de un inocente.
Eso es lo que sienten los pederastas: un impulso descontrolado que los conduce a buscar contacto sexual con niños, sin importar el daño que les causan.
La pederastia es una desviación incurable que afecta a todas las sociedades. Su impacto se ha hecho sentir en nuestro país en las últimas semanas, y su incidencia, según algunos expertos, es mayor de lo que se ha dado a conocer.
"Son personas que tienen una afección mental importante. Es una modalidad de perversión, que implica una erotización de los menores de edad", explica el psicólogo Eugenio Polanco, director del Instituto de Criminología del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Más específicamente, para la organización no gubernamental Casa Alianza, las personas con estas conductas pueden clasificarse en dos grupos: pedófilos o pederastas.
Así, pedófilo es quien manifiesta deseos sexuales hacia los niños, se hace amigo de ellos, e, incluso, elabora un mundo a su alrededor, pero mantiene sus deseos en la imaginación sin pasar a cometer abuso.
Los pederastas, por otro lado, son agresores sexuales, por lo general consumidores de pornografía infantil, quienes utilizan la violencia de tipo sexual para consumar sus deseos.
Mal incurable
Según Milena Grillo, presidenta de la Fundación Paniamor, las conductas pederastas pueden tener varias causantes. Pueden ser biológicas, cognitivas o hasta afectivas, pero, sin que eso importe, todos buscan el contacto sexual con menores.
Precisamente, esas raíces son tomadas en cuenta a la hora de decidir el tipo de intervención terapéutica apropiada para someter al individuo, aunque, según los expertos, en la mayoría de los casos, el pederasta no varía sus conductas.
"Se van a seguir produciendo y la ciencia no tiene claro por qué", advierte Polanco .
Y enfatiza: "Hasta la fecha, no se reportan tratamientos que la curen completamente".
Según revela, hasta ahora, todas las terapias buscan que la persona se abstenga de realizar sus deseos y, con ello, dejen de dañar a las otras personas.
Peor aún, los pederastas no tienen un comportamiento que los pueda caracterizar.
Grillo comenta que los perfiles que se han confeccionado hasta la fecha corresponden con los de los registros de personas detenidas.
Quizá por eso, en su opinión, el número de abusadores que son detenidos es sumamente pequeño, en comparación con todos los que no son denunciados ni desenmascarados.
Ella estima, con una cifra "optimista", que por cada abusador detenido hay unos 9 que jamás se descubren.
"Los abusadores tienen naturaleza muy diferente", asegura Grillo, aunque reconoce que un elemento común es la falta de empatía o capacidad de la persona para reconocer el dolor o el sufrimiento entre otros.
"No perciben que están ha-ciendo un daño, tienen razonamientos desviados, que justifican sus actos", agrega Grillo.
Los abusadores piensan a menudo que la sociedad es la que está equivocada y no ellos, por eso se refugian y cometen sus actos a escondidas.
Múltiples caras
Queda claro, así, que establecer el perfil de un abusador para prevenir su ataque es un asunto utópico. Identificarlos requiere de todo un completo análisis psíquico.
"Pueden ser personas muy respetables, participativos, con liderazgo, poder y control en grupos comunales y organizaciones, donde precisamente procuran ocupar espacios para abusar de los niños", detalla Grillo.
"No hay perfiles, porque son personas que no tienen ninguna diferencia aparente con respecto a cualquier otro ser humano, las diferencias son psíquicas", advierte Polanco.
Grillo aclara, además, que tampoco hay situaciones o vivencias en el pasado que sean comunes entre los pederastas.
Por eso, ante esta falta de perfiles o datos que ilustren el tipo de abusadores que amenazan a los niños, los expertos recomiendan la prevención y la educación de los pequeños, por parte de los padres.
"El poder del ofensor es muy grande, y el niño no puede enfrentarlo solo. A los adultos nos corresponde protegerlos a ellos", concluye la sicóloga.