La superproducción cinematográfica de carácter bíblico Ben-Hur llevaba unas semanas de rodaje a finales de los años 50, cuando el director William Wyler se mostró preocupado por la floja actuación de su actor principal, Charlton Heston. Este no se tomaba en serio ninguna escena de la filmación.
Wyler decidió ir a su camerino y preguntarle a Heston si le pasaba algo. Con sarcasmo, Charlton le contestó que él sí actuaba bien, “lo que pasa es que usted (Wyler) no se da cuenta”; a lo que Wyler replicó: “Solo quiero que sepas que en el estudio de filmación se habla de tu patética imagen en los rodajes frente a la impresionante actuación de Hugh Griffith” (su compañero de reparto, en el papel del comerciante árabe Caíd Ilderim).
Eso bastó. Desde aquel día, Wyler nunca tuvo que abordar el asunto de nuevo con Heston, quien se había consolidado como la estrella del cine épico hollywoodense desde 1956, cuando interpretó a Moisés en Los diez mandamientos.
Por su rol de Judá Ben-Hur en esta película de romanos en el año 26 de la era cristiana, Charlton Heston ganó el Oscar de 1959 al mejor actor por lo que fue calificada “una interpretación sobria y eficaz”, de acuerdo con el voluminoso libro Cine de los 50 , escrito por Jürgen Müller (2005).
Ben-Hur fue el filme más caro de su época. La producción fue tan complicada y requirió de tantos recursos humanos y materiales que se dispararon los costos de manera exorbitante. Unos $15 millones fue el gasto final del largometraje, inversión que se recuperó en el primer año de exhibición en la cartelera del cine estadounidense, pues ingresaron $40 millones en taquilla.
En esa época, se tambaleaba el imperio de Hollywood. El enemigo se llamaba “la televisión”, con un número de seguidores que crecía constantemente.
Uno de los grandes estudios de la poderosa industria cinematográfica norteamericana, la Metro Goldwyn Mayer, estaba a un paso de la bancarrota, pero preparó la cinta por casi ocho años y lanzó el contraataque con imágenes en color, escenarios exóticos y un gran despliegue de recursos en decoración, vestuario y actores para atraer a la gente al cine.
El productor delfilme , Sam Zimbalist, pagó muy caro este enorme despliegue, pues murió durante el rodaje de Ben-Hur, a causa de un infarto, seguramente provocado por el estrés.
Efectos especiales. Esta joya mítica del sétimo arte precisó de un decorado portentoso y construcciones majestuosas, con más de 100.000 diseños de vestuarios, además de la utilización de 8.000 extras. Para el filme se elaboraron 15.000 pares de sandalias, 3.000 espadas y más de 5.000 piezas de joyería.
También se transportaron al set de filmación 40.000 toneladas de arena de playas del Mediterráneo, para el suelo del inmenso circo romano. Este se levantó sobre un terreno que ocupaba ocho hectáreas, en cuyo centro se instalaron cuatro estatuas de nueve metros de altura cada una.
Como acontecimiento cinematográfico enfocado a los efectos visuales, Ben-Hur contiene una de las secuencias más famosas y vibrantes en la historia del cine: la carrera de cuádrigas en el circo de Jerusalén, en la que llegaron a participar 78 caballos traídos expresamente de Yugoslavia. Se tardó cerca de un año en preparar y poner en escena la carrera y dos meses más para filmar el célebre pasaje del largometraje, que dura 11 minutos. Solo esta secuencia costó un millón de dólares.
Joe Canutt, hijo del prestigioso especialista en efectos especiales Yakima Cannutt, dobló a Charlton Heston durante esta carrera y sufrió un percance muy serio en el momento en que la cuádriga de Heston salta por encima de la de otro participante. De hecho, Joe estuvo a punto de caerse bajo los caballos. Sin embargo, quedó tan orgulloso y satisfecho con su trabajo como extra que no fue la última vez que dobló a Heston en el cine.
Ben-Hur,una de las grandes producciones de la historia, ha sido considerada tanto por la crítica como por los aficionados al cine, “una de las obras maestras del sétimo arte de todos los tiempos”.
Coronada por un éxito comercial extraordinario, Ben-Hur obtuvo la insospechada cosecha de 11 de los 12 premios Oscar por los que optaba en la elección de 1959, un récord que no se repitió sino hasta cuatro décadas más tarde por Titanic, en 1997, y después, por El Señor de los anillos: el retorno del Rey , en el 2003.
Detrás de estas cintas, en número de estatuillas, están Amor sin barreras (1961), con 10; Gigi , con Leslie Caron (1958), El último emperador (1987) y El paciente inglés (1996), con nueve. Y con ocho, Lo que el viento se llevó (1939), De aquí a la eternidad (1953), La ley del silencio (1954), Mi bella dama (1964), Cabaret (1972), Ghandi (1982) y Amadeus (1984).
Aquí se contarán algunos entretelones que rodearon las filmaciones de seis de estos largometrajes que lograron la gloria.
Los premios conocidos como los Oscar son otorgados por la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas en Los Angeles, California (EE. UU.), en 24 categorías diferentes (las más relevantes son mejor película, director, actriz y actor), además de los homenajes especiales al mundo de Hollywood.
Se conceden desde hace casi 80 años, a partir de 1929, en una ceremonia en la que intervienen muy diversos profesionales: desde quien fabrica las estatuillas de oro, hasta quien idea el menú de la cena de celebración. Votan 5.830 miembros de la Academia.
A partir de 1931, se conocería popularmente al galardón con el nombre de Oscar desde que, según se cuenta como anécdóta, la bibliotecaria de la Academia, Margaret Herrick, exclamó al ver la estatuilla que se parecía a su tío Oscar.
Al principio. Protagonizada por los célebres actores Clark Gable y Vivien Leigh, la película Lo que el viento se llevó tuvo en 1939 números de producción espectaculares. Participaron 59 actores, 2.400 extras y se emplearon cerca de 1.500 animales; se diseñaron un total de 200 decorados distintos, de los cuales solo se llegaron a construir 90, aparte de que se confeccionaron 5.500 trajes.
Tras 140 largos días de rodaje –entre el 26 de enero y el 1° de junio de 1939– y con un costo de $4 millones, el filme llegó a su fin. El productor David Oliver Selznick preparó su estreno por todo lo alto en el teatro Loew, de Atlanta, Georgia. El 15 de diciembre de 1939 se desplazaron hasta allí todas las estrellas de la película.
Pese a su larga duración (tres horas y media), Lo que el viento se llevó arrasó. El público enloqueció, lloraba y reía de felicidad. Se convirtió en un clásico del cine de todas las épocas, y recaudó $77 millones, una cifra récord durante 30 años, según Life .
De 13 candidaturas, consiguió ocho estatuillas, entre las que figuraba la de mejor película y mejor director para Victor Fleming, aunque llegó a rodarse con cinco directores distintos: Reeves Eason, Sam Wood, William Cameron Menzies, George Cukor y el propio Fleming.
Hattie McDaniel fue la primera mujer de color en ganar un Oscar por su papel de Mammy. Clark Gable le gastó una broma, al sustituirle el té del vaso que ella debía tomar por whisky en una de las escenas del filme.
El guionista Sidney Howard era considerado en Hollywood un experto adaptador y en los años 30 se enfrentó en solitario a la difícil tarea de reescribir para el cine la extensa novela Lo que el viento se llevó , de Margaret Mitchell. Narra la historia de una ambiciosa mujer, Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), que lo pierde todo por su egoísmo, incluido al hombre al que ama, Rhett Butler (Clark Gable), durante la guerra civil norteamericana.
Por ello, Selznick le pagó más de $80.000. Howard cumplió e hizo un trabajo prodigioso en el guión. La Academia se lo reconoció con un Oscar, pero él no llegó a recoger la estatuilla: falleció poco antes, al ser atropellado por un tractor en su propia granja.
El éxito de Lo que el viento se llevó hizo que, a lo largo de la década de 1940, la utilización de la película a todo color se fuera imponiendo, poco a poco, a los largometrajes de blanco y negro.
Muy distinto el género de West Side story o Amor sin barreras, que en 1961 se transformó en uno de los musicales más famosos del cine. La acción transcurre en un barrio de Nueva York, West Side, donde dos bandas juveniles, los Jets y los Sharks, se encuentran enfrentadas por los conflictos raciales entre los estadounidenses y los inmigrantes puertorriqueños.
La película también acaparó en la entrega de los Oscar de ese año al hacerse con diez galardones y es un hito en la historia del cine musical, con la actuación de Natalie Wood, quien ya gozaba de una notable popularidad por su intervención a mediados de los años 50 en Rebelde sin causa .
Nuevos tiempos. El último emperador (1987), ganadora de las nueve estatuillas por las que competía, es un largometraje basado en la autobiografía de Puyi, Yo fui emperador de China . Fue la primera película que obtuvo el permiso de las autoridades chinas para ser rodada en el interior de la Ciudad Prohibida.
El hermano mayor de Puyi, quien le ayudó a escribir su autobiografía, estuvo presente como asesor en el rodaje del filme. Para determinadas escenas fueron necesarios hasta 19.000 extras.
La historia épica del filme del director italiano Bernardo Bertolucci –el mismo que dirigió El último tango en París , en 1972– abarca muchas épocas de la moda china. Fue necesario llevar a la pantalla tanto trajes tradicionales chinos como diversidad de estilos modernos, incluidos los de la época del dictador Mao Tse Tung. Por esa ambiciosa empresa, el diseñador del vestuario, James Acheson, fue galardonado con un premio de la Academia.
Puyi fue el último emperador de China que subió al trono a los 3 años y fue adorado por 500 millones de personas como divinidad. Gobernó en la Ciudad Prohibida hasta que las fuerzas republicanas, que querían abolir la corte imperial, lo encerraron entre sus murallas. Finalmente, abdicó y se convirtió en un tiempo en títere de las fuerzas de ocupación japonesas en Manchuria.
Diez años despues, la cita Titanic superó en 1997 todas las cifras anteriores. Cuenta desde entonces con el récord de ser una de las producciones más caras de la historia del cine. Gran parte del presupuesto se invirtió en la construcción a diversas escalas del famoso barco hundido hace 95 años –en 1912– y donde murieron 1.500 personas, así como la decoración del interior de la nave.
Al menos 18 compañías especializadas trabajaron paralelamente para hacer posibles los 500 efectos que requería el largometraje. Por medio de la tecnología digital, el director canadiense James Cameron pudo hacer verdaderas diabluras, y no solo en las espectaculares escenas del naufragio del barco.
Los temores de los estudios Twentieth Century Fox y Paramount se hicieron realidad: el costo se había disparado hasta aproximarse peligrosamente a los $300 millones y la cinta no estaba aún lista para estrenarse en la fecha prevista.
Cameron aguardó en silencio hasta que la película pudo estrenarse en diciembre de 1997. Lejos de ser un fracaso, Titanic pasó en poco tiempo a ser una de las películas más vistas en la historia del cine. Arrasó en las taquillas de todo el mundo y se convirtió en un auténtico fenómeno. Nadie le reprochó más a Cameron y, en una mezcla de cine romántico y catastrófico, logró nada menos que 11 premios Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor director.
En esta película, que lanzó al estrellato a Leonardo Di Caprio, se dio un hecho insólito hasta la fecha: la nominación de la persona más anciana que ha sido postulada a un Oscar: Gloria Stuart, con 87 años.
Revolución digital. La invasión de la tecnología digital potenció en las últimas décadas el retorno de los equipos de rodaje a losplateaus de filmación. A los directores y productores les resulta muy fácil registrar el trabajo de los actores sobre fondos azules para luego insertarlos en decorados creados por un ordenador de computadora.
Gracias a este tipo de técnicas en la producción digital de imágenes, el espectador ha podido navegar en el Titanic o visitar el extraordinario mundo de fantasía de la trilogía El Señor de los anillos (2001-2003), dirigida y coproducida por el neozelandés Peter Jackson, y basada en la obra homónima del autor inglés J. R. R. Tolkien, que publicó en 1954.
Narra una aventura épica sobre la lucha entre el bien y el mal, ambientada en un universo de fantasía habitado por hobbits , orcos, elfos, hadas, guerreros y seres infernales de Tierra Media.
Registró un presupuesto de $300 millones –el mayor en la historia del cine– y fue rodada en escenarios naturales de Nueva Zelanda, entre el 11 de octubre de 1999 y el 22 de diciembre del 2000.
En todo momento, Jackson, junto a su impresionante equipo técnico, mostró una gran pasión por los efectos especiales y se destapó con sus dramáticas tres películas de aventuras de espadas y magia.
Así se convirtió en la producción más rentable en lo que se lleva del nuevo milenio.
Los actores que hacen el papel de hobbits son de estatura normal, pero en la película fueron reducidos por efectos visuales y por ordenador. Se filmó en lugares reales, a los que se le añadieron, por computadora, distintos elementos como ciudades, ejércitos y varios paisajes.
Como complemento del vestuario y el maquillaje, se tuvieron que fabricar 2.000 armas, 900 armaduras, 20.000 elementos decorativos y 1.600 pares de prótesis de pies y orejas. En las escenas de las batallas participaron unos 500 extras y 250 caballos.
Las tres películas costaron $300 millones, mientras que la trilogía se convirtió en la más taquillera de todos los tiempos, al superar los $2.900 millones. Y El retorno del Rey (2003) llegó a ser la segunda más recaudadora de la historia, con $1.100 millones; Las dos torres (2002) logró $926 millones y La comunidad del anillo (2001), $871 millones.
El Señor de los anillos fue nominada para 30 premios y ganó 17, un récord para cualquier trilogía del cine. La primera parte obtuvo 13 candidaturas y cuatro premios; la segunda alcanzó seis nominaciones y solo dos Oscar; y la tercera tuvo 11 nominaciones y 11 galardones, entre ellas, la de mejor película y mejor director.
Peter Jackson hizo el rodaje de las tres películas al mismo tiempo y luego las estrenó con diferencia de un año cada una. Coincidieron con los tres tomos de la trilogía de Tolkien.
Esto se consideró “una gran hazaña y algo genial”, dado que los actores no sufrirían ninguna alteración por posibles accidentes, envejecimiento u operaciones estéticas.
Hoy será la edición 79 de los Oscar de la Academia de Hollywood, en el teatro Kodak de Los Angeles (EE. UU.). Pero el récord de las más premiadas de la historia no será superado o igualado.
¿Cómo borrar el recuerdo de la ceremonia del 29 de febrero del 2004? Esa noche, la tercera parte de El Señor de los anillos , se llenó de gloria con 11 premios, algo que habían logrado antesTitanic yBen-Hur. Son marcas históricas que se mantendrán inalterables este año.