El llamado "cine basura" se viste con sus típicas cochinadas, y llega para atrapar a los espectadores más desprevenidos con una cinta que es más de los mismo (aunque más puerca y más estúpida). Se trata de un filme cuyo título es más extenso que su calidad: No es otra tonta película americana, dirigido por Joel Gallen.
La cinta no es más que una devaluada muestra de lo que en Hollywood llaman "trash fun" (basura divertida), y que otros llaman "guilty pleasure" (deleite culpable), esto es: películas hechas para pasar el rato a como sea, pero que siempre son malas (sin que esto les importe). Curiosamente, estas películas están diseñadas para adolescentes, aunque casi siempre las censuras las atornillan en sus calificaciones.
Muchos de los argumentos de estas cintas ocurren en colegios, y esta vez no es la excepción. Allí tendremos la historia del patito feo que se convierte en cisne, con una especie de Betty (la de la telenovela), que de fea pasa a ser la chica perseguida por el galán de turno. Alrededor de ellos dos gira una galería caricaturesca de personajes.
Allí tenemos chicas malévolas, atletas idolatrados, rubios presumidos, negros marginados, vírgenes desesperadas, hermanas incestuosas, chicos con sexo adictivo, gorditos bestias, bellezas desnudas, viejitas desfasadas, lesbianas sin límites, tipos raros, padres anormales..., en fin: cualquier sujeto que sirva para armar cualquier asunto estereotipado, estúpido y cochino (con un humor facilón, obvio, cajonero y escatológico, cargado de heces y demás similares).
No se trata de un humor paródico, ¡de ninguna manera!, porque no hay ironías sutiles, ni farsa, aunque sí aparecen burlas descarnadas a algunas discapacidades físicas (que rayan en la grosería). Se trata de una cinta donde se ha perdido la salud mental, o sea: sí es otra tonta película de Hollywood, que sí.