LAS REGLAS DE LA VIDA, DE LASSE HALLSTR÷M: Las reglas de la vida ( The Cider House Rule ). Dirección: Lasse Hallstr^m. Guión: John Irving. Fotografía: Oliver Stapleton. Música: Rachel Portman. Con Tobey Maguire, Charlize Theron, Delroy Lindo, Paul Rudd, Michael Caine, Jane Alexander.
Estadounidense, 1999. Estreno.
A veces, rendidos ante la magia de lo visual, olvidamos que el cine también es tiempo. Las reglas de la vida llega, precisamente, para recordarnos este devenir temporal, segunda lengua del cine; y provoca un milagro específico: convierte el tiempo en duración.
No se trata de dos sinónimos, advierto. El tiempo a secas es el paso mecánico de un ahora a otro, un saltito de las agujas del reloj; la duración, al contrario, representa un fluir continuo de la existencia que acarrea el pasado y anuncia el futuro.
Así, la película saca su propia fuerza del mero transcurrir; y así, el guión de John Irving, lleno de peripecias y de hechos accidentales que forman una tupida red de causa-efecto, articula una trama ceñida, vasta, explícita.
Irving, de quien evocamos El mundo según Garp, extrae de su libro ( Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra) las bases argumentales de una cinta cuya primera escena nos muestra el orfanato de St.Cloud; y después, a partir de Homer (Tobey Maguire), se apropia de las rutinas de la producción de sidra, discute de amor con Cindy (Charlize Theron) y entrevé la posible huella de un destino, todo dentro de un formato dickensiano, arbóreo.
Anécdota de aprendizaje, o enseñanza, dado que hay una especie de demiurgo el doctor Larch (Michael Caine), director del instituto que asigna glorias providenciales a sus ahijados, Las reglas de la vida corresponde a un cierto tipo de clásicos. Pienso en ¡Qué verde era mi valle! (1941) o Los verdes años (1946), obras de gran porte moral a las que se añade aquí un irónico optimismo que debe verse como pesimismo superado.
La noble madera interpretativa de Michael Caine y la presencia de Delroy Lindo actor de bronce imponen su marca, mientras la sensitiva mirada de Lasse Hallstr^m ( Mi vida como perro, 1985) ata cabos, unifica episodios y redondea sin prisa ni pausa la noción clave de la historia: el sí a la vida.
Un sí mayor.