La recomendación es de Tatiana Lobo y la realizó en las últimas semanas del año pasado: Los gallos de San Esteban, segunda novela del periodista Óscar Núñez, el mismo de El teatro circular.
Contaba la escritora, además, que otra vez Núñez removía el tema de la violencia en Centroamérica, escarbaba en sus confusos y diversos factores y, como pocas, ponía atención en las relaciones de poder que la preceden.
Tal vez porque su editorial (Guaymuras) y su escenario son hondureños, la novela no fue presentada en nuestro país en los siguientes cinco meses.
Sin embargo, recomendaciones como las de Lobo y el prestigio de su primera novela -ganadora de los premios EDUCA y Aquileo J. Echeverría en 1996- permitieron que los escasos ejemplares traídos al país tuvieran sus lectores, y valga esta nota para hacer una presentación algo más extensa.
Un mensaje cifrado
El periodista William Vargas concibe Los gallos de San Esteban como un extenso reportaje que hace uso de fórmulas literarias; Núñez reconoce la deuda a su oficio periodístico (ver recuadro). Por ello, el libro ha sido utilizado en las escuelas de comunicación de las universidades Latina y de Costa Rica.
La novela empezó su gestación hace aproximadamente cinco años, cuando el autor tropezó con un cable de la agencia de noticias France Press. La nota refería el final del conflicto entre un par de familias del departamento hondureño de Olancho, antagonismo que dilató durante tres lustros y causó entre 40 y 80 muertos.
"Decía el cable que todo empezó por una pelea de gallos", recuerda Núñez.
Esta pista interesó al escritor, quien empezó a recopilar cables y notas periodísticas sobre los hechos. En una primera visita a Honduras se entrevistó con el jefe de una de las familias, Francisco Nájera, quien le confirmó las posibilidades de la novela: la pelea de gallos involucraba pugnas entre viejos y nuevos ricos, el oportunismo del aparato militar y la violencia como forma de vida.
Poco después volvió a Honduras para conocer San Esteban y entrevistarse con los protagonistas de la disputa y para saber su desenlace.
Más temprano que tarde, sus interlocutores se convirtieron en personajes de novela y surgieron el machismo, el dolor por la muerte del de al lado y el terror al sin sentido.
Después de ello fue la escritura, en la que "casi todos los protagonistas ocupan, en la trama, el lugar que ocuparon en la vida real, y los hechos narrados son idénticos, aunque los porqués de su comportamiento son creación literaria", explica Núñez.
En Centroamérica
En Honduras, la novela es uno de los libros más vendidos en este año, y entre algunos lectores aún sorprende que un costarricense haya acertado de esa manera en el retrato de la Honduras rural.
Núñez estima más bien: "Esto pudo suceder en Guanacaste o en un pueblecito rural de Panamá o Ecuador porque la realidad social y política de América Latina es bastante uniforme", y desde esta lógica narró su historia.
La pregunta por la universalidad se responde, según Núñez, en cómo se acercó a una realidad concreta: "Eso hace un texto universal: su credibilidad, lo que permite que personas de distintas culturas lo sientan y comprendan en sus puntos en común y sus diferencias".
¿Qué opinan?
"El autor usa un lenguaje sencillo y claro, y va más allá de la noticia para incursionar en las pasiones humanas".
William Vargas, periodista y profesor.
"Se preocupa por ver la violencia y cómo se fundamenta en las relaciones de poder que se dan en Centroamérica".
Tatiana Lobo, escritora.
"La noticia sobre 50 muertes en Honduras, se transforma en la historia de un grupo de personas cuyas vidas, pasiones y miserias son rescatadas del vértigo de la actualidad para transformarlas en una conmovedora novela".
Ernesto Rivera, periodista y escritor.