Pekín. En la noche de Pekín las canciones que más se oyen se cantan en español, desde que un grupo de inmigrantes latinoamericanos comenzaron una moda que está haciendo furor en la ciudad de la ópera pequinesa: la salsa.
Las discotecas que se concentran en el barrio diplomático de Sanlitun están cambiando sus nombres anglosajones por otros latinoamericanos, como Salsa Cabana, una de las salas de baile con más prestigio de la ciudad.
"Nuestras bandas, la mayoría de Colombia, son de lo mejor. Entre nuestro público hay mucho latinoamericano, pero también chinos cada vez más sofisticados, que saben qué es la buena música", explica a Sanderio, el responsable musical de ese local.
La salsa se está convirtiendo en el fenómeno de moda de la noche pequinesa y atrae a los expatriados y a los jóvenes chinos fascinados por todo lo occidental.
"Me siento libre cuando bailo. Ni la música tecno que oyes en las macro discotecas, ni las baladas de los bares de copas me atraen", explica Li, una adicta a la salsa desde que se inició hace un año.
Li, que debe tener poco más de veinte años, es una de las muchas jóvenes pequinesas, altas, delgadas y modernas, que confiesa que otra de las razones de aprender a bailar salsa es poder estar con los extranjeros.
"¡Claro que me gustaría tener un novio extranjero! Aún es difícil para nosotros salir del país y tener un novio extranjero te abre un montón de oportunidades", añade Li, entre risas.
Solo para ricos
El fenómeno, sin embargo, se extiende sólo entre los pequineses con cierto nivel adquisitivo, que pueden permitirse pagar las entradas de los locales y las copas, hasta diez veces más caras que en otros bares del extrarradio de la ciudad.
Las clases de baile, imprescindibles para personas tan poco acostumbradas a mover la cintura, permiten a los alumnos no sólo estar en contacto con los extranjeros sino disfrutar de una sensación desconocida.
"Lo que más me sorprende es la felicidad que refleja su cara cuando bailan, aunque algunos no tengan el más mínimo sentido del ritmo", nos confiesa Alejandro, un joven profesor de baile venezolano que tiene la agenda de clases a reventar.
Alejandro, que llegó a China hace tres años, comprobó enseguida el enorme potencial que tenía en la capital, donde empezaron a aparecer "profesores de salsa" que en realidad no eran más que aficionados, hace un par de años.
"Yo aseguro a mis alumnos, sean de donde sean, que conmigo se aprende a bailar desde la primera clase. Soy un profesional", explica Alejandro, muy seguro de sí mismo.
La moda ha traído a Pekín no sólo un aire más festivo, sino también grandes oportunidades de negocio.
"He visto un montón de salas nuevas resplandecientes, pero si no hay una mano latina detrás de la gerencia, acaban siendo una chapuza", detalla Alejandro, que está reformando un antiguo local para convertirlo en discoteca.
"Tengo que aprovechar el empujón que se vive ahora. China es aún un terreno virgen para la salsa y prometo que se lo van a pasar de miedo", agregó el venezolano.
El furor por los ritmos latinos es algo que poco a poco a inundado muchas naciones orientales acostumbradas a su música. Como resultado, la venta de discos de salsa se ha incrementado en eso países.