No cabe duda que las reacciones en torno al tema de la invasión a suelo costarricense por parte del ejército nicaragüense, han generado posiciones de toda índole. La idea es aclarar la diferencia entre patriotismo y nacionalismo, pues la confusión ha permitido a los apátridas atacar con señalamientos nacionalistas al resto de ciudadanos, creando en muchos casos sentimientos de culpa por ser, al fin y al cabo, patriotas.
Por definición, patriotismo implica ese afecto especial que tiene uno por su país; un sentido de identificación personal con el país, sus símbolos patrios y valores cívicos, así como con sus compatriotas; una preocupación especial por el bienestar del país; y finalmente, una disposición de sacrificio para promover el bienestar del país. Todas las frases anteriores están implicadas entre sí, y unidas por el ‘afecto especial’, que dicho de otra forma, es el amor que uno siente por la patria. Este amor, claro está, se ve exaltado cuando el país logra méritos a nivel internacional o sus compatriotas logran éxitos (Nery Brenes, por ejemplo); pero se avergüenza si el país o un compatriota cometen un delito o crimen.
De ahí que podríamos decir que, una persona reflejará su patriotismo en el tanto sienta orgullo por lo que su país ha logrado y representa, por que se relaciona de algún modo con el pasado del mismo y porque sabe, que pese a su individualidad, puede ser parte de la construcción de un mejor futuro, a sabiendas de que dicha tarea lo hará ser parte también de otros patriotas como él.
Nacionalismo. Dice Sir John Acton, que la diferencia entre nacionalismo y patriotismo radica en que el primero es emoción e instinto, mientras que el segundo es una postura moral. De ahí que el nacionalismo es la relación que siente la persona con su raza, mientras que el patriotismo es la conciencia de que se tienen deberes morales en la comunidad a la que se pertenece. Nacionalismo es poder, y por eso vemos ejemplos claros de individuos que se sumergen de cabeza bajo la excusa del nacionalismo, para alcanzar a toda costa poder y prestigio individual (Chaves, Ortega, Castro). Patriotismo es la inclinación o apego a un lugar, el cual da una vida que uno piensa es la mejor, sin querer imponérsela a los demás. Nacionalismo es pensar que mi país es el mejor del mundo. Patriotismo es pensar que a mi país lo amo, pese a sus defectos.
Pertenencia. Es indispensable para el ser humano pertenecer a algo. Desde siempre, el hombre ha protegido a su familia y seres queridos. Son lo más importante para él, pues él pertenece a ellos, a ese grupo familiar. Así, fundó pueblos y comunidades, a las cuales también pertenecía, y finalmente, en el mundo moderno, devinieron los países. Es entonces una falacia, negar que se pertenece a un país, o comunidad o familia. Podría no gustarnos, pero no lo podemos negar. Por otra parte, y como lo mencioné en un artículo anterior (Soberanía en el Siglo XXI, 15/7/10), no es posible pensar que se puede vivir aislado en pleno siglo XXI, sin cooperación internacional ni relaciones interdisciplinarias a nivel político, económico, cultural y social. Somos parte de un mundo globalizado y nuestras conciencias deben apuntar hacia un bienestar generalizado. Es la ruptura de fronteras y el acercamiento con los hermanos de otros países lo que nos da también el sentido de pertenencia a este, nuestro mundo.
Pero decir que se defiende la igualdad humana, mientras se atacan los símbolos patrios no pareciera tener lógica entre quienes pertenecen a un país. Esto solo tendrá cabida en las mentes de quienes no valoran su patria ni pertenecen a nada. Pues no valoran lo que le deben a otros por sus afrentas pasadas, según lo que la historia nos ha enseñado; ni entenderán de los daños que el país pudo haber ocasionado y por los cuales nos debemos esforzar por reparar, ya que no pertenecen ni a él ni a ningún otro país; ni sentirán nunca la gratitud por lo que tienen, pues hoy ya no hace falta hacer sacrificios.
Gobierno, civismo y estadio. La presidenta Chinchilla, el canciller Castro y nuestro representante ante la OEA, don Enrique Castillo, todos han hecho comparecencias sensatas, acordes con la situación y han mostrado ante todo, un claro concepto de lo que es civismo: tolerancia, convivencia y respeto, hacia el pueblo nicaragüense y hacia el ordenamiento jurídico internacional. Fundamentan sus argumentos sobre la democracia, y a fin de cuentas, no hay pilar más fuerte que éste cuando se trata de demostrar al mundo el abuso y el irrespeto al que estamos todavía expuestos. Nosotros, como pueblo, debemos apoyar la posición del gobierno, esto es, apoyar la gestión diplomática a sabiendas de que Costa Rica está haciendo lo correcto.
De igual forma, los valores cívicos, esos que nuestros maestros nos enseñaron cuando éramos niños, y los símbolos patrios (la bandera, el escudo, el pabellón nacional, la guaria morada, el árbol de Guanacaste, el yigüirro, la carreta típica, el venado de cola blanca y los himnos) debieran ser respetados por todos. Y pese a que es cierto que el Himno se utiliza en algunos estadios para enarbolar la bandera de algún equipo en particular, lo cierto es que quien ha vivido la emoción de ir al estadio cuando juega la Sele, con la camiseta roja sobre el pecho, al entonar el Himno Nacional, sabe lo que significa estar rodeado de otros compatriotas orgullosos de su país. Puede que se den casos de violencia. Es inevitable. Pero la mayoría, yo diría, son patriotas.
Como costarricense debo admitir, que no puedo esperar a que la Sele juegue su primer partido en el nuevo Estadio Nacional, y poder llevar a mi hijo para que, vistiendo su camisa roja, pueda vivir la emoción de ver jugar al equipo de su país, aunque sea malito; a que experimente la sensación de pertenencia, a la afición; y a entonar junto con otros miles de costarricenses, el Himno Nacional.
Himno, que no aprendió en un estadio. Se lo enseñaron en la escuela.