Los brasileños esperan con cierta ansia y mucha curiosidad el comienzo de una nueva telenovela, con más amor, pasión y sangre que la atrevidísima Xica da Silva, en uno de cuyos últimos capítulos se escenificó una exquisita escena de antropofagia.
Xica da Silva es la historia de una negra (la inconmensurable Taís Araujo) que en la época de la dominación portuguesa, allá por el siglo XVII, consigue imponerse a una sociedad blanca y racista que la trata de macaca, volviendo loco a uno de los personajes más notables de la ciudad.
Cuando ya está a punto de acabar esta serie, los guionistas dieron a Xica la posibilidad de vengarse de la sociedad blanca de la forma más atroz. Invita a los potentados a una cena de alto copete y cuando todo el mundo elogia su feijoada (guiso típico brasileño con frijoles, carne de cerdo y col) ella les mira con la sonrisa que conquistó millones de telespectadores y les revela que están comiéndose a un esclavo que la había traicionado.
A lo largo y ancho de esta telenovela, cuya ambientación es sencillamente suntuosa, ha habido de todo, incluyendo osadas escenas de sexo (desde violación clásica a relación anal), una crucifixión y alguna que otra tortura, como la protagonizada por un venerable miembro de la Santa Inquisición que arranca con delicadeza las uñas de un sacerdote, acusado de relacionarse carnalmente con una joven medio tonta pero deliciosamente hecha.
La belleza de las intérpretes y de algunos actores como el guapísimo Victor Wagner (esposo blanquísimo de la negra Xica) han permitido al realizador condimentar una particular salsa sexual en la que los pesados y complejos trajes de época desempeñan un papel erótico nada desdeñable.