Belgrado . Varios miles de partidarios de Slobodan Milosevic se manifestaron hoy por el centro de Belgrado, en la víspera de la primera comparecencia del expresidente yugoslavo ante el Tribunal de La Haya acusado de crímenes de guerra.
Coreando lemas como "Nuestro Fuhrer es Djindjic" (el primer ministro serbio)" y portando banderas serbias y griegas, unas 10.000 personas acusaron de "traidor" al Gobierno y gritaron consignas en favor de Milosevic.
La protesta se produjo en el mismo lugar donde el sábado pasado, tras la llegada de Milosevic a La Haya, tuvo lugar la primera manifestación de homosexuales en la historia yugoslava, que fue atacada por cabezas rapadas, hinchas de futbol, popes ortodoxos integristas y partidarios de un grupo nacionalista pronazi serbio.
La mayoría de la población de Belgrado no está de acuerdo con la extradición de Milosevic, con un 15 por ciento aproximado totalmente en contra de que se le enviara a La Haya, según diversas encuestas.
Las ciudades serbias acabarán asimilando pronto la realidad de que Milosevic tenía que ser extraditado, ya que la población urbana hacía tiempo que había dejado de votarle y consideraban que tenía que ser juzgado y condenado en Yugoslavia.
Más secuelas dejará el hecho en el campo, sobre todo en las provincias del sur de Serbia que hicieron posible que el pasado mes de septiembre Milosevic sacara un 37 por ciento de los votos en las presidenciales, según cifras reconocidas por la oposición.
Algunos popes de las provincias serbias, sumidas en mitos, niebla y ciruelos, hablan de que los diablos se encarnaron en pleno centro de Belgrado al día siguiente de la sagrada fecha del San Vito (28 de junio), cuando Milosevic fue entregado a La Haya.
Un seminarista, con los ojos desencajados, perseguía el sábado a una lesbiana en pleno centro gritándole "Satanás, endemoniada" y explicando que el diablo había entrado en los participantes de la manifestación, celebrada 24 horas después de que Milosevic llegara a La Haya.
Los sociólogos opinan que los 1.280 millones de dólares que se trajo el pragmático primer ministro de Serbia, Zoran Djindjic, de la Conferencia de Bruselas, contribuirán a atenuar las penas de la empobrecida burguesía belgradense.
La mayoría de los serbios estaban el 28 de junio de 1989 con Milosevic cuando en aquella fecha mítica de San Vito les justificaba, pletórico, desde Kosovo la abolición de la autonomía kosovar y prometía el "antídoto" de la Gran Serbia contra los separatismos de Yugoslavia.
El culto y nacionalista arzobispo ortodoxo y primado de Montenegro, Anfilogie Radovic, que visitó a Milosevic dos días antes de ser enviado a La Haya, ha tenido frases casi beatificadoras del ateo expresidente.
Según Anfilogie, quienes entregaron a Milosevic a La Haya "tendrían que tachar sus nombres de la historia serbia", frase que ha levantado ampollas entre los cristianos practicantes, por venir de un arzobispo que estudió en el Vaticano y podría suceder al anciano Patriarca Pavle.
Anfilogie dice que "ha sido un honor para Milosevic sufrir una afrenta el Día de San Vito", cuando se cumple el 612 aniversario de la pérdida de la batalla del Campo de los Mirlos en Kosovo por el rey Lázaro.
Aquello marcó el principio de una Serbia, primero vasalla del sultán Bayaceto y, después, posesión otomana hasta el siglo XIX, cuando irrumpe el nacionalismo integrista antiislámico, que se olvida de que los serbios proporcionarán a Estambul algunos de sus mejores jenízaros.
Djindjic dice que Milosevic prometió "la Serbia celestial de Lázaro" y plagó al país de guerras aquel 28 de junio de 1989 en Kosovo, mientras que él promete la "Serbia terrenal", la del pan y las judías de la conferencia de donantes.
Según Djindjic, el envío de Milosevic a La Haya tuvo que hacerse con sigilo, por miedo a que el ejército desbaratara su plan.
Djindjic aseguran que ya le había dicho al presidente Kostunica que él, como primer ministro de la república yugoslava de Serbia, cumpliría con la palabra que le había dado al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, de entregar a Milosevic.
Estas declaraciones de Djindjic confirman que EEUU no había aceptado hasta entonces participar en la conferencia de países donantes de Bruselas.
"Con popularidad no se puede hacer de todo pero con créditos sí", dice Djindjic justificando la entrega de Milosevic, que le ha supuesto críticas pero ha salvado al país del aislamiento y la miseria.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Nacion.com Fuente: agencias.