PARA LLEGAR AL Parque Tropical TURU BA-RI hay que tener claro tres cosas: uno, hay que llegar temprano porque el día no alcanza para tanta cosa; dos, reserve energías por que hay mucho que hacer, y tres, lleve repelente porque los insectos se aprovechan de cuanta carne ven pasar.
Ahora sí, alístese para disfrutar del nuevo parque de aventura que abrió a los cuatro vientos en la zona de Turrubares, muy cerquita de Orotina.
El lugar es impresionante primero por el tamaño que tiene: son ni más ni menos que 200 hectáreas. Extensión que hace unos años estuvo dedicada a la agricultura y luego a la ganadería. Sin embargo, las sabanas por las que se paseaba el ganado empezaron a ser reforestadas por los dueños desde hace siete años y ahora están convertidas en un hermoso bosque conformado por más de 70 mil árboles de 400 especies diferentes.
Con la vegetación llegaron cientos de animales que encontraron en este sitio un nuevo y muy cálido hogar, ahora es posible ver venados, pizotes, mapaches, culebras, insectos, aves y serpientes, entre muchos otros inquilinos.
Otro de los atractivos de TURU BA-RI es la cantidad de opciones de naturaleza y aventura que tiene pues acaba de abrir y ya tiene: teleférico, canopy, cabalgatas, senderos para caminatas, mariposario, colección de palmas, de hiervas y de cactus; un jardín de bromelias y de orquídeas, una finca campesina, un bosque de bambú y un restaurante de comida típica&...;y entre los proyectos a futuro está el alquiler de bicicletas, otro restaurante y un albergue que se hace necesario si uno no quiere salir de aquí sin haberlo probado todo.
Cita con la acción
Para llegar al parque nosotros viajamos por la carretera Interamericana un viernes de fin de semana largo, así que nos topamos con una procesión de carros que van hacia la playa, sin embargo, dicen que la ruta de Puriscal es parecida en distancia y aunque con más curvas, es más agradable a la vista pues pasa por el Centro Artesanal de la Reserva Indígena de Quitirrisí, la Fábrica de Puros en Puriscal y la antigua Parroquia de Barbacoas, declarada patrimonio cultural.
Una vez en el parque la entrada principal se sitúa en uno de los puntos más altos de la geografía de esta zona, así que hay que descender desde una ladera hasta la llanura donde están los atractivos principales. Desde ahí la vista de los Cerros de Turrubares y los alrededores del Parque Nacional Carara es espectacular.
Hay tres formas de bajar: una de ellas, la menos agotadora y moderna, es en el teleférico; otra, la de más acción, es lanzándose por los aires en el canopy, y la última, es la más tranquila y no menos emocionante: en una cabalgata.
Nosotros dimos una vuelta a la redonda en el teleférico. Una proeza de la ingeniería industrial conformada por ocho góndolas con capacidad para seis personas cada una y con la que quedamos suspendimos en la mitad de este reino natural.
Durante unos quince minutos apreciamos el exuberante bosque. La vista es impresionante, desde aquí el río Grande de Tárcoles se ve todavía más grande.
Una vez abajo el aire siguió siendo nuestro medio de transporte pues del teleférico nos trasladamos al Canopy en cuestión de pasos. Es el canopy más extenso del que nos hayamos guindado: dos horas, once líneas y muchos mosquitos nos tuvieron entretenidos por la más frondosa vegetación hasta que, como sincronizados, cuando llegamos a la última plataforma empezó a llover.
Después del almuerzo típico y cuando la lluvia cesó, visitamos la Finca Antigua, ahí conversamos con Ángel León, un campesino de 63 años encargado de levantar este proyecto que consiste en retratar la forma en la que vivían nuestros antepasados.
Fuimos al jardín de cactus, al de bromelias, al bambuzal, apreciamos de cerca el río y nos dimos una buena perdida en el laberinto hecho de plantas naturales hasta que se nos acabó el día y las energías, volvemos a casa con la promesa de regresar a disfrutar de todo lo que nos faltó.