Luisa Gaspar
París, 4 abr (EFE).- El éxito acompañó anoche el estreno mundial de "Adriana Mater", de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, en la Opera Nacional de París, con bravos y aplausos unánimes por parte del público.
Fue un éxito sereno, como sólo podía permitir la profundidad del libreto, del escritor libanés residente en Francia Amin Maalouf, y la reflexión sobre el perdón, el odio, el amor, la sangre, la maternidad y la guerra, que abre en él, sobre la partitura de Saariaho.
La puesta en escena, que el director estadounidense Peter Sellars quiso ante todo clara y concisa, pero no pedagógica, tampoco podía promover manifestaciones de entusiasmo exagerado.
No hubo pues ni gritos ni pataleos, como a veces se escuchan en la Opera de la Bastilla, donde tuvo lugar el estreno; en el Teatro Garnier, la otra sala de la Opera Nacional de París; o en cualquier otro gran espacio dedicado a la ópera en la capital francesa.
El resultado de esta primera representación mundial, la acogida brindada por su público, hacía presagiar más bien, sin embargo, que tres autores extranjeros regalaron hoy a Francia una de las primeras obras maestras de la lírica francófona del siglo XXI.
El reparto vocal, el trabajo vanguardista realizado por el Instituto de Investigación y de Coordinación Acústica/Música de París (IRCAM) con las voces del coro, que por momentos tomaban toda la sala, y la batuta del finlandés Esa-Pekka Salonen, consolidaron el nivel.
Junto con el decorado de George Tsypin y su ciudad en guerra, al final ya destrozada, y siempre iluminada o, más bien, coloreada con esplendor por James F. Ingalls, hacedor también de oportunas sombras chinescas.
Desde la plataforma de la Bastilla, Sellars, Maalouf y Saariaho plantearon una serie de preguntas contemporáneas vitales, en su intento de saber y hacer saber si "el odio puede engendrar el amor" o si "se debe perdonar en cualquier circunstancia".
A los efectos, Kaija Saariaho quiso explorar en su composición no un momento de violencia, un estallido espectacular, sino lo que queda de ese momento, dos semanas después, varios años después, veinte años después.
De los cuatro protagonistas de la pieza la mezzosoprano irlandesa Patricia Bardon, ('Adriana') recibió los aplausos más fervorosos; seguida del bajo danés Stephen Miling, en el papel de 'Tsargo', el padre de su hijo, 'Yanos', interpretado por el tenor canadiense Gordon Gietz, y la soprano noruega Solveig Kringelborn ('Refka', hermana de Adriana).
El coro, audible por todas partes, mediante la más avanzada tecnología desarrollada en el IRCAM, donde se formó Kija Saariaho a la música por ordenador, sólo se hizo visible una vez terminada la obra. EFE
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