El cine es una máquina del tiempo. Suele viajar hacia atrás ( flashback ) y hacia adelante ( flashforward ); y a veces imagina o sueña cosas. Igual que la mente humana.
Para ver Vanilla Sky , hay que "ponerse" dentro de la mente, a primera vista caótica, de David Aames (Tom Cruise). Allí faltan recuerdos que expliquen su vida actual.
David busca resolver el Enigma, lo mismo que usted, espectador. Y empieza a lograr pistas efectivas, cuando ya ha transcurrido la mitad del relato.
Entonces, nos damos cuenta de que existen hechos que pertenecen al sueño y hechos que forman parte de la realidad. Pero, ¿cuál es la línea divisoria? He aquí el trabajo de lectura que propone la cinta de Cameron Crowe.
Ojo, no trato de contar la película sería un aguafiestas sino de notificar aquellos aspectos que la tornan legible. Uno de dichos aspectos se refiere a la criogenética, terapia dedicada a congelar el cuerpo de un paciente que ha sufrido muerte clínica (en la muerte clínica, órganos y células no han llegado aún a su descomposición), todo con el objeto de resucitarlo en el porvenir. Dicen que Walt Disney se sometió al procedimiento.
Vanilla Sky investiga, precisamente, esa larga hibernación. Pero, en el caso particular de David, la congelación incluye lo que el filme llama "sueño lúcido". Esta clase de sueño no se diferencia, en principio, de la realidad real. David sueña, aunque a ratos sorprende la vecindad de otro mundo, el mundo externo.
En suma, ignoramos (David también) qué es real y qué soñado (o virtual). Sí comprendemos, poco a poco, que al protagonista se le presenta una opción de hierro: vivir una mentira feliz o una verdad imperfecta. Seguir soñando o abrir los ojos.
Por ello, creo recomendable modificar la actitud común que tenemos frente a la pantalla. No pidamos aclaraciones inmediatas, conviene acumular datos (algo que hacemos en las narraciones de suspenso) y ser conscientes de que toda conclusión obtenida sobre la marcha es apenas provisoria.
Si digo esto, amigos, es porque saboreo al fin una recompensa, una acción de gracias a favor de los espectadores atentos y pacientes. Vanilla Sky genera un clima de inquietante extrañeza raro en el cine de hoy, incursiona en los paisajes desérticos de la siquis con una ingravidez única y sensibiliza nuestra vida diaria que, a fuerza de desvivirla, parece usada y previsible.