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Para romper el silencio

Un grupo de jóvenes no oyentes decidió incursionar en el arte y fundó la Compañía Nacional de Teatro de Sordos

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Los bailarines jóvenes hacen oscilar sus cuerpos con movimientos rápidos hacia adelante y hacia atrás. Levantan y mueven sus manos una y otra vez, en procura de coordinar y pulir sus movimientos cada vez más, mientras siguen las instrucciones del director de la coreografía. Este cuadro no tendría nada de singular sino fuera porque todos los bailarines son muchachos sordos con edades comprendidas entre los 18 y los 23 años.








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