Visitar Costa Rica en octubre es siempre una aventura. Y es que, gracias a la lluvia, nunca se sabe si el avión aterrizará el día previsto, a la hora indicada, en el aeropuerto acordado... Sin embargo, al español Josep Ramoneda no hay chaparrón que lo nuble: él vino a nuestro país para hablar y hacer política, y lo logró.
En una semana, este filósofo y periodista tuvo tiempo para todo. Atisbó las nubes desde el valle de Orosi, firmó libros y autógrafos, y conversó con diputados, precandidatos presidenciales, periodistas, académicos y ciudadanos rasos, de esos que, cuando están en grupo, se llaman pueblo.
Y conversó de manera apasionada sobre política y libertad, sobre poder, economía y democracia. Y, conversando nomás, Josep Ramoneda hizo historia ya que -sin eufemismos ni disimulos- desmitificó la indiferencia y la abulia, que son el pan nuestro de cada día.
Cita inicial
En la primera conferencia, dictada en el Auditorio Jiménez Borbón del periódico La Nación , Ramoneda se hizo "cómplice" de Carlos Cortés y Jaime Ordóñez.
"La cultura política es una cultura del prejuicio. Los buenos y los malos están previamente establecidos. Esta cultura tiene dos formas extremas: el automatismo y la indiferencia. En el automatismo, el prejuicio deja de tener contenido y se convierte en una respuesta refleja. La indiferencia es, en cambio, la aceptación sin interrogación alguna de los prejuicios establecidos. La indiferencia, llevada al extremo, anula la condición del ciudadano porque de la indiferencia no se puede predicar nada", expresó este catalán, colaborador del diario El País de España.
Tres libertades
Luego, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica, Ramoneda se ocupó de anteponerle a la libertad tres prefijos muy actuales: eco-, bio- y tecno- .
"Las últimas certezas nos están abandonando, y los seres humanos estamos siendo convocados a decidir cosas que antes eran competencia absoluta de los dioses. Estamos en un momento de grandes cambios, y todo cambio genera vértigo por eso. Hay que ver las cosas con mucho cuidado porque el descrédito invita a la nostalgia, y no debemos caer en la tentación de pensar que todo tiempo pasado fue mejor".
Finalmente, Ramoneda propició el primer debate público de esta preprecampaña electoral, en la que -nos guste o no- ya todos estamos sumidos.
Vladimir de la Cruz, Antonio Álvarez Desanti y José Miguel Corrales intentaron contestar a la pregunta nada inocente de este español: "Gobernar, ¿para qué?".
Así, esos tres políticos expusieron sus ideas y se expusieron ante el público. Este, como siempre ocurre cuando se trata de política, y como ocurre siempre en las conferencias de Ramoneda, fue lo de más: Karen Olsen de Figueres, Rina Contreras, Fernando Berrocal, Carlos Roversi, Alcira Castillo y Amelia Chaverri, entre otros, hicieron de audiencia.
Yo tengo el poder
Muchas cosas quedaron claras en el discurso de Ramoneda. El fin de la pasión política no marca el fin de la política, y mucho menos el fin de la pasión.
Para entenderlo se hizo necesario recuperar la palabra más allá de los juegos de palabras, sacudirse el miedo y aceptar la responsabilidad que da el poder. "Se puede imaginar una sociedad sin estado pero nunca una sociedad sin poder. Lo cierto es que del poder se piensa más en lo que impide, en lo que prohíbe, en lo que limita, que en lo que hace; pero el poder también es capacidad de actuar porque construye y crea saber".
Y es que hay más de una manera de ejercer el poder y hacer política. "El ciudadano no tiene consciencia de su fuerza. La democracia asegura que,
en algún momento, más temprano que tarde, hay que escuchar a los
ciudadanos. Existe muchas maneras de hacerse escuchar y crear realidad:
creando grupos, saliendo a la calle, dialogando, reclamando, protestando.
Recuperar la política debería servir para escapar del hablar por hablar".
Lo que nos dejó
El libro Después de la pasión política, de Josep Ramoneda, se puede adquirir en la Librería Universal.
Su costo es de ¢6.500.
Lea mañana en Áncora, de La Nación, una entrevista con este filósofo.