4:45 p.m. ¡Papi, papi, papi chulo...! 6:18 p.m. ¡Papi, papi, papi chulo..! 8:47 p.m. ¡Papi, papi, papi chulo...! 10:20 p.m. ¡Papi, papi, papi chulo...!
Los altavoces de La Guácima no dieron tregua a los oídos y repitieron, cual tarabilla, la pegajosa (casi empalagosa) canción de la panameña Lorna, quien cerró la noche del sábado recetando más 'papi chulo' a los asistentes.
Hay que reconocer una cosa: esta menuda mujer sabe muy bien su oficio... poner a bailar hasta al más apagado con su reggaetón, mezcla de reggae, dance, hip hop y funky.
El 'papi chulo' (juro que esta será la última vez que menciono este nombre por salud mental), no fue lo único presente en el polvoriento autódromo.
La excusa inicial -para que cientos de personas del Valle Central y zonas aledañas se acercaran ese día- fue la cuarta y última fecha del Yaris Trophy, organizada por Purdy Motor (Toyota).
Dieciséis vehículos hatchback disputaron cuatro hits de 10 vueltas cada uno para definir al ganador de la copa, honor que recayó en Amadeo Quirós (primer lugar), Leonel Peralta (segundo) y Leo Vincenti y Javier Valverde (tercero).
Pero eso no fue todo. Cual mercado persa los presentes podían encontrar desde promociones de servicios bancarios (tarjetas de crédito), ventas de comidas (mango, hot dog, hamburguesas y papas fritas) y regalos de enjuagues bucales hasta desfile de trajes de baño y ropa de verano, canopy y, para sellar con broche, el concierto de Lorna y su popular personaje... sí, el mismo que usted leyó al inicio de esta nota.
De la competencia podemos decir que los jóvenes pilotos demostraron su destreza -e hidalguía- con esos pequeños vehículos que, por momentos, el viento y la velocidad amenazaron con sacarlos de la pista con un simple soplo.
De la comida, nadie se pudo quejar, aunque no haya sido la más nutritiva y balanceada.
Por favor, seamos honestos: nadie va a vender casados, ensaladas o productos macrobióticos en actos masivos como este, pero lo cierto del caso es que los perros calientes y las pizzas calmaron el apetito de más de uno.
Y ni qué decir del desfile patrocinado por Mango Shop. Curvilíneas mujeres en embutidos trajes de baño y ropa de verano alborotaron las hormonas de más de un caballero soltero, con novia o con esposa, quienes se aferraban a ellas, cuales dulces tórtolos, para no darse el colorcillo.
Para aquellos (y aquellas) que no dieron parte sin novedad del desfile, la carrera de carros o la comida, buscaron su emoción en el canopy, que la empresa Adventures Play Ground instaló a lo ancho de la pista; 260 metros de cables para las emociones fuertes.
¿Y el concierto?. Cuerpos sudados por el ritmo reggaetón del 'papi chulo'.