Amman . El papa Juan Pablo II oró y se presentó como un mensajero de la paz durante su viaje por Tierra Santa, haciendo un llamamiento, tan pronto desembarcó en Ammán este lunes, a proseguir el proceso de pacificación del Medio Oriente.
"Aunque sea difícil y largo, el proceso de búsqueda de la paz debe proseguir", declaró el pontífice en un breve mensaje pronunciado al llegar al aeropuerto internacional de Ammán.
La ceremonia de bienvenida se llevó a cabo bajo una tienda, símbolo de la hospitalidad beduina.
"La paz es muy importante", añadió, subrayando la necesidad de "orar" por una solución al conflicto de la región.
"Sin paz no puede haber desarrollo auténtico en esta región del mundo", agregó el Papa, quien consideró que "hay graves y urgentes cuestiones en torno a la justicia, el derecho de los pueblos y naciones que deben ser resueltas por el bien de todos los que están implicados, y como condición para una paz duradera".
El papa Juan Pablo II inició este lunes a las 14H00 locales (12H00 GMT) una visita de 27 horas a Jordania, en el marco de una peregrinación de seis días en Tierra Santa.
En el Airbus que le llevó de Roma a Ammán acompañado, al final de su recorrido, por un avión caza jordano, el Papa, aparentemente en bastante buena forma física, se acercó a la parte trasera del aparato, donde viajaba la prensa.
Cuando el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls le comentó que los periodistas estaban muy "excitados" por el viaje, respondió: "[Pues imaginen yo!".
Al bajar del avión fue recibido por el rey Abdalá II, la reina Rania y los miembros de la familia real.
Tres niños, dos cristianos y un musulmán vestidos a la usanza beduina, le presentaron una copa con tierra jordana, que el papa bendijo, así como varios iris negros, flor que simboliza a Jordania, mientras que otro niño echó a volar palomas blancas que habían estado enjauladas.
Inmediatamente después de la ceremonia de bienvenida, el Papa fue a visitar el monte Nebo, donde Moisés vio la Tierra prometida y donde se cree que está enterrado este patriarca bíblico, comenzando así su peregrinación por los santos lugares de la religión judeocristiana y musulmana.
El soberano pontífice se trasladó directamente al monte Nebo desde el aeropuerto de Ammán, recorriendo en automóvil los 40 km que separan este sitio de la capital jordana.
A llegar al monasterio fue acogido por el príncipe Hassan ben Talal, tío del soberano, un ferviente defensor del diálogo entre las religiones monoteístas.
Al son de cánticos en árabe y latín, entonados por un coro de veinte niños, el Papa avanzó muy despacio hacia la basílica bizantina, construida en el siglo IV, con el suelo y las paredes cubiertas de mosaicos iluminados por decenas de cirios.
Juan Pablo II fue recibido en el interior por cerca de cincuenta invitados, entre ellos el gobernador Kassem Abu al Hayjá, alcaldes de los pueblos vecinos, padres y religiosos de la región.
Tras escuchar el breve relato de la historia de la basílica que le hizo el padre franciscano Michele Piccirilo, el soberano pontífice se arrodilló, cerró los ojos y cruzó las manos en un profundo recogimiento.
El Papa dijo que había hecho "un breve ruego por los habitantes de la Tierra prometida, cristianos, musulmanes y judíos".
Tras ofrecer un cáliz al santuario rompió el silencio para añadir: "dedico a Cristo todos los pasos de mi viaje".
Juan Pablo II, muy encorvado, se encaminó luego, apoyándose en un bastón, hacia un rincón de la basílica donde según la tradición se cree que está sepultado Moisés.
Tras admirar los murales, una gran cruz y los mosaicos, el Papa salió una media hora después a la explanada de la basílica, subió algunas escalinatas y contempló Jerusalén a la distancia, a imagen de Moisés, quien vio desde ese lugar la Tierra prometida.
Juan Pablo II hizo varias preguntas al padre Piccirilo, quien desde ese punto situado a una altura de 840 metros, le señaló Jerusalén, apenas visible a lo lejos, así como la ruta que tomaban antaño los peregrinos hacia el lugar donde se supone fue bautizado Jesús, en Wadi Jarrar, en la orilla izquierda del Jordán.
Cinco minutos más tarde el soberano pontífice subió a su vehículo para regresar a Ammán, pasando por la ciudad de Madaba, a 12 km del monte Nebo, sin detenerse.
Durante la noche el santo padre visitó a sus anfitriones, el rey Abdalá II y la reina Rania de Jordania.
El martes, el momento cumbre de la estadía del papa en el reino será su visita a Wadi Jarrar, sitio donde Jesús fue bautizado por su primo Juan el Bautista, según la tradición.
En horas de la mañana Juan Pablo II debe celebrar una misa en el estadio de Ammán ante por lo menos 50.000 personas, entre ellas miles de cristianos de Irak.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.