En el 2007, Ismael Venegas Campos tomó la decisión de no viajar nunca más en avión. Cada vez que se subía a uno, la sudoración era inminente, se ponía rabioso y el estrés lo invadía de pies a cabeza.
Una vez adentro, se le quitaba el hambre y la idea de levantarse del asiento le resultaba impensable. La única vez que logró dormirse en una aeronave fue cuando le dieron una pastilla somnífera durante un viaje laboral de Taiwán a Costa Rica. En el resto de sus vuelos, Ismael fue abordado por su enemigo: la aerofobia.
El miedo a volar convertido en fobia se presenta cuando la sensación de ansiedad es incontrolable, e incluso se manifiesta en el cuerpo de la persona que la sufre. En algunas situaciones extremas, la persona evita volar para no tener que enfrentarse al miedo que le genera estar dentro de la nave o con esta en movimiento.
“Gran parte del miedo a los aviones está alimentado por las películas de Hollywood que ilustran situaciones exageradas”, asegura Alejandro Díaz quientrabaja en la empresa nacional Prestige Wings (especializada en vuelos
El piloto afirma que algunos factores que incrementan el temor a volar son: el mal tiempo, una turbulencia severa o que los pasajeros sean primerizos.
“Las estadísticas defienden a la aviación porque aquí nos aseguramos de cumplir con un protocolo de seguridad aérea. La aviación es una herramienta de desplazamiento seguro”, dice.
Una persona con miedo excesivo a volar puede experimentar síntomas como sudoración incesante, respiración agitada, tensión muscular y aceleración del pulso, además de perturbaciones en el sueño y en la tranquilidad.
Se cree que la aerofobia (también conocida como aviofobia) puede agravarse cuando es provocada por una mezcla entre la claustrofobia (pánico por los lugares cerrados ) y la acrofobia (pavor irracional a las alturas).
En Costa Rica no hay instancias que se dediquen a impartir cursos para vencer el miedo a volar, asegura Jorge Fernández, director general de Aviación Civil.
Tampoco hay en el país estudios sobre la cantidad de personas que sufren de aerofobia. Distinto es el caso de Argentina, donde una organización llamada Poder Volar, determinó con un estudio que “las principales causas que perturban a los temerosos de la aviación están relacionadas con el miedo a un accidente, a las tormentas y al efecto que produce el despegue y el aterrizaje”.
Alexánder Araya, capitán de Prestige Wings, aseguró que la empresa para la que trabaja optó por desarrollar un curso para erradicar el pánico a volar y planea impartirlo dentro de poco tiempo.
“Nos pareció importante darle ese valor agregado a los pasajeros porque hay mucha gente que se pierde de la oportunidad de volar solo por el miedo”, afirma.
“Cuando uno ve que alguien no quiere montarse al avión, es bueno hablarle para ayudar a que se tranquilice; eso sí, una vez en el aire uno no puede desatender el vuelo para dedicarle atención exclusiva a alguien con pánico”.
Algunos mitos que deben ser derribados en torno a los aviones, está la creencia de que un avión cae como una piedra, “como se ve en las películas”. Según los capitanes Araya y Díaz, las probabilidades de que una nave bimotor se quede sin máquinas es muy baja. Además, un avión se mantiene en el aire por las alas y no por los motores.
La rayería tampoco representa un riesgo para los aviones, aseguran, ya que estos están construidos de tal manera que, con un impacto, la carga eléctrica se disperse por la carcasa metálica de la nave.
En vuelos comerciales, hay un protocolo de instrucción para pasajeros, con indicaciones de cómo abrocharse el cinturón, dónde encontrar el chaleco salvavidas y en qué sitio se ubican las puertas de emergencia.
“Antes de cada vuelo, se hace una revisión visual del avión en el que se viajará; se revisa el aceite, el combustible y los trenes de aterrizaje, y se prueba el motor. Es un chequeo de rigor que se hace antes de comenzar un vuelo... ¿cuándo hacemos un chequeo de 360 grados antes de montarnos a un carro?”, se pregunta Araya.
Las estadísticas de accidentes aéreos indican que son más las muertes en las calles que en el aire. Según cifras de la empresa Boeing, durante el 2007 en Estados Unidos, hubo 35.707 muertes por accidentes en vehículos, mientras que la cantidad de decesos en accidentes aéreos fue de 535. (
Algunos datos para analizar: la cantidad de personas que vuela a diario en el mundo sobrepasa los 3 millones, mientras que el índice de mortalidad es de 0,03 muertos por cada millón de pasajeros y la proporción de accidentes, de uno en un millón de viajes.
Hasta mayo de este año en Costa Rica, solo se habían registrado dos accidentes aéreos con aviones fumigadores, de acuerdo con información de la Dirección General de Aviación Civil.
Los accidentes más frecuentes en el país son de aviones de fumigación, en vuelos a poca altura. “Estos no siempre involucran muertes”, afirma Jorge Fernández. “En muchos casos, la nave sufre daños considerables, mas no sus pasajeros. Los incidentes más comunes suelen ser una llanta estallada o una nave que se sale de la pista sin provocar daños o pérdidas humanas”.
Hannah Howells es una tica que trabaja como tripulante de cabina de la empresa Fly Emirates, con base en Dubai (Emiratos Árabes Unidos).
Ella asegura que es mínima la cantidad de pasajeros que pierden la razón a bordo. No obstante, añade, “la tripulación está capacitada para apaciguar a quienes sufran de aerofobia, principalmente a través de la empatía”.
“Ellos mismos buscan sus propios medios para tranquilizarse. En términos generales, después del despegue las personas tienden incluso olvidar que están en el aire con distractores como el televisor, revistas y hasta la comida”, comenta.
Javier Blanco, de 28 años, sufrió de miedo a las aeronaves desde su infancia. Sin embargo –asegura– debió superar el temor para no perder su trabajo.
“De niño, cuando veía un avión o un helicóptero, salía corriendo y me escondía. De adulto, por circunstancias personales y laborales, me tocó viajar muy seguido y era una tortura. Desde semanas antes del viaje, una vocecita en mi cabeza me decía que me iba a morir”, cuenta.
Blanco intentó superarlo en sesiones de terapia con una psicóloga que lo instruía en técnicas de relajación. Finalmente, fue superando el temor por sus propios medios: “Corté de raíz cualquier programa sobre catástrofes aéreas y, al montarme al avión, me resignaba y ponía mi confianza en el ingenio humano y en la alta tecnología”.
Por el contrario, Ismael Venegas asegura que nunca ha buscado asistencia para perder su miedo atroz y, más bien, se inclina por otros medios de transporte cuando debe salir del país.
“Los viajes que he hecho han sido por trabajo, pero decidí no volver a volar nunca más. Es irónico, porque me muero por viajar; hace poco, mi familia quería salir del país y les dije que no los acompañaba. La única opción que veo para esos casos es que el viaje se haga en barco”.
El piloto Díaz comenta que el primer paso para vencer el miedo es “tener disposición”. Entre las técnicas que se emplean con este fin, está un tratamiento psicoterapéutico con relajación muscular y respiración. En otros casos, se emplea un simulador de vuelo para lograr que, finalmente, el paciente saque el terror de su equipaje de mano.