Decidió ser libre y lo callaron. Mientras lo machacaban a patadas y garrotazos le gritaban “sucio comunista, sinverguenza, golfo, maricón”. Además de eso, Pier Paolo Pasolini era católico, marxista, pederastra, homosexual, pornógrafo, cineasta escandaloso, literato insigne y sin exagerar, el más connotado intelectual italiano del siglo XX.
La víspera de su muerte –el 1.° de noviembre de 1975– concedió una entrevista a Furio Colombo, del periódico
Apuró el cáliz de la vida hasta las heces. La noche de Todos los Santos Pasolini contrató, por una bicoca, los servicios sexuales de Roberto
La escena era infernal. Pasolini yacía boca abajo, todo ensangrentado. La frente partida y desgarrada. La cara lucía negra e hinchada por los moretones; le habían arrancado los dedos de la mano izquierda. Tenía la mandíbula fracturada, la nariz aplastada, las orejas cortadas por la mitad y la espalda marcada por los neumáticos de su propio auto, que al pasarle por encima le partió diez costillas, le rajó el hígado y le estalló el corazón, según publicó el
Si todos los caminos llevan a Roma, tal vez ahí esté la respuesta al enigma de la muerte de Pier Paolo: ¿Crimen pasional? ó ¿
Pasolini ejerció a mano alzada todas las vertientes literarias: poeta, ensayista, novelista y cineasta consumado. Retrató personajes marginales en sus dos primeros filmes:
A partir de ahí diseccionará la sociedad con
Se despidió con
Escritor prolífico, alcanzó la fama con las novelas
Desde niño Pier Paolo se convirtió en un transhumante; iba de pueblo en pueblo, sin un hogar estable, hasta que a mitad del siglo XX asentó sus reales en Roma, la ciudad eterna.
Había nacido en Bolonia, el 5 de marzo de 1922, hijo de Carlos Alberto Pasolini, un bravucón teniente de infantería célebre por haber salvado la vida al
Pier odiaba al progenitor por alcohólico, déspota, rabioso y agresor contra su
De pasiones encontradas, dio a su madre el papel de La Virgen en
Algunos encuentran en esta ambivalencia el origen de su homosexualidad aunque él confesó en
Sufrió el vil asesinato de su hermano Guido, soldado de la resistencia en la lucha contra los fascistas en la Segunda Guerra Mundial; pero él, aunque fue reclutado, huyó.
En la postguerra encontró trabajo como profesor de literatura e historia del arte; perdió el empleo porque los carabinieri lo acusaron de corrupción de menores, un escándalo que provocó su expulsión del Partido Comunista Italiano.
Era un proscrito en su tierra y marchó a Roma en 1950, donde pasó mil penurias, pero el orgullo le impidió pedir ayuda a sus colegas escritores. Consiguió empleo como extra en los estudios Cinecittà; se redondeó el salario como corrector de pruebas de imprenta y vendió sus libros en puestos callejeros. Con la ayuda del poeta Vittori Clemente, la suerte le cambió y consiguió empleo de profesor, narró en
Entró al cine de la mano de Federico Fellini y fue amigo de Roberto Rosellini, Luchino Visconti y Michelangelo Antonioni, quienes lo impulsaron como guionista y director, en obras plagadas de ladrones, buscones, prostitutas y personajes extraídos de sus vivencias.
El poder nunca le perdonó sus películas ni sus denuncias; incomodó a derechistas e izquierdistas, los despreció por su intolerancia y los acusó de sostener postulados progresistas que eran pura pose, sin ninguna acción concreta. Zarandeó la sociedad de consumo y advirtió sobre las nefastas consecuencias culturales de esa ideología económica.
Treinta años después del asesinato de Pasolini, el supuesto criminal abjuró de su delito. Pino Rana dijo, en un programa de televisión en el 2005, que fueron tres sicarios los que mataron al cineasta.
La tesis de un complot político fue asumida por la periodista Oriana Fallaci, y hasta hace unos años se intentó, sin éxito, reabrir el caso que sigue calificado como un crimen pasional.
El director y amigo de Pier Paolo, Sergio Citti, aseguró que fueron cinco los agresores, Pelosi era el cebo y la orden para matarlo vino de “gente respetable que cansada de Pasolini había ordenado el homicidio para callarle la boca.”
Tres tristes tigres. Giuseppe Lo Bianco y Sandra Rizza, en el libro
Ese entresijo criminal fue tratado por Pasolini en