Los elegidos de los dioses siempre mueren jóvenes. El
Poeta, músico y loco, un día mezcló un pianista que tocaba a Bach, un guitarrista clásico, un baterista apasionado por el jazz, todo aderezado con extracto de piel de lagarto para sacar de su caldero una banda demencial: The Doors.
En 1967 abrieron las puertas de la locura con su primer disco, con sus letras provocadoras, sus poses irreverentes, sus pantalones de cuero tallados en la entrepierna y sus danzas chamánicas. Fueron “Días Extraños” en que la música era el único amigo'hasta el final.
El arte es largo, la vida breve.
Suicidio, asesinato, montaje; solo Courson y un médico que ya no ejercía vieron el cadáver; sin autopsia fue rápidamente sepultado en el cementerio Pére Lachaise, donde yace con vecinos como Chopin, Edith Piaf, Moliére, Oscar Wilde y 70 mil calaveras más.
Ray Manzarek, tecladista y cofundador de The Doors, dijo que solo Morrison sería capaz “de escenificar su propia muerte, poner un saco de 150 libras dentro del ataúd y desaparecer en alguna parte de este planeta'”
El autor de varios libros sobre esos roqueros, Sam Bernet, y gerente del club parisiense Rock and Roll Circus que frecuentaba Jim, aseguró que la víspera de su muerte este combinó cerveza y vodka, compró una dosis de heroína para él y Pamela y que encontró al artista en el baño “con la cabeza entre las rodillas, los brazos colgando. Su cara estaba gris, sus ojos cerrados. Por su nariz salía sangre y tenía una baba blanquecina alrededor de su boca abierta.”
Esta versión la contradice el músico Philip Steele, en la novela biográfica de Morrison
Lo curioso es que Jim tenía fobia a las agujas. Era fiel a la cocaína, el alcohol, las drogas sintéticas como buen hippie y otras sustancias alucinógenas: belladona, peyote y marihuana.
Algunos dicen que su padre George, almirante retirado de la marina norteamericana, robó el cuerpo y lo repatrió. Más extraño aún porque ellos se llevaban bastante mal; en el libro de
La única que sabía la verdad era Pamela, pero esta murió en 1974 ahogada en heroína y en la prostitución. Pasó sus últimos años pegada al teléfono esperando la llamada de Morrison, pues según ella: estaba vivo.
Con su muerte el artista ingresó al “selecto” Club de los 27, grupo de cantantes que murieron a los 27 años: Brian Jones (1969), Janis Joplin (1970) y Jimmy Hendrix (1970). Décadas más tarde, en 1994, se les uniría Kurt Cobain.
Jones, fundador de The Rolling Stones, apareció ahogado en la piscina de su casa; Joplin, falleció a causa de un cóctel de heroína y otras sustancias; Hendrix, se ahogó en su propio vómito mientras dormía y Cobain, líder de Nirvana, se disparó en la cabeza.
Morrison siempre rechazó el orden, la disciplina y la obediencia. Su presencia andrógina e irresistible era el foco de atención; sus temas estaban influenciados por los llamados escritores malditos: Arthur Rimbaud; Jack Kerouac; Allen Ginsberg, Friedrich Nietzche y William Blake.
En el escenario Jim bailaba, gesticulaba, recitaba, fumaba, peleaba con sus seguidores; fue el primer vocalista en lanzarse a los brazos de su público. Lo mismo era insolente, gracioso, ingenuo, dramático, alterado o al borde de un colapso psicodélico.
La niñez de Morrison fue bastante agitada. Como su padre era un alto mando del ejército vivió, entre bases militares, un día aquí y otro allá. A los cuatro años pasó al lado de un accidente vial en Nuevo México y vio los cadáveres de varios indios: según él, ahí mismo el espíritu de uno de ellos lo poseyó y lo convirtió en un chamán.
Así lo retrató Oliver Stone, en el filme
Sus biógrafos resaltan su extraordinario coeficiente intelectual de 149 y la facilidad para escribir poesía; a partir de la adolescencia se volvió un joven provocador y sus padres lo mandaron a vivir con los abuelos en Florida, estado norteamericano donde nació en 1943.
Bernet adujo que los constantes cambios de casa forjaron en Morrison un carácter distante, desapegado de personas y objetos; en la adolescencia “escribía poemas, pintaba, leía mucho y a los 19 años se marchó de su hogar.”
Sus amigos de juventud lo recordaban por la forma de vestir desharrapada, usaba la misma camisa durante varios días y solo la cambiaba cuando estaba hecha trizas; según ellos Jim prefería comprar libros que ropa o comida. Estudió en la Universidad Estatal de Florida y más tarde cine en la UCLA, de la ciudad de Los Angeles.
En esa escuela conoció a Ray Manzarek, a quien recitó en 1964 las primeras estrofas de
Gracias a su sólida formación intelectual Morrison planteó el nombre de la nueva banda inspirado en un poema de William Blake: Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito.
El grupo lo completaron dos jóvenes: el percusionista John Densmore y el guitarrista Robby Krieger. La reportera Torres explicó que en 1966 tocaban en varios clubes de prestigio y en uno de ellos los vio el productor Paul A. Rotchild quien los contrató para la disquera Elektra. Al año el club los despidió porque Morrison cantó
Los años 60 fueron de rebeldía, pero Jim se identificó poco con ese cambio cultural y pretendía un acercamiento personal mediante la meditación, el vegetarianismo y la astrología.
En Los Angeles conoció muchas mujeres, a las cuales engatusaba con su buen aspecto y fácil conversación. Una de ellas fue Patricia Kennealy, editora de la revista
La soledad del cantante duró poco porque conoció, en 1965, a Pamela Courson, de 19 años; era una jovenzuela fascinada por la vida hippie. Ambos compartieron cinco años de vida y una doble afición: la poesía y las drogas psicodélicas.
Quienes los rodeaban veían una pareja distante y cercana, que se amaba y se odiaba con la misma intensidad. Aún así, Morrison le regaló una boutique en Sunset Strip –llamada Themis–. “Pamela siempre quiso que Jim se dedicara a la poesía y dejase el mundo del rock. En la última etapa de la relación tomó el nombre de Morrison, aunque nunca llegaron a casarse”, según Alan Ronay, amigo de ambos.
En sus arranques de cólera Morrison lanzaba sus libros por la ventana y al otro día salía a recogerlos; una vez le dio un cuchillo a Pamela para que lo matara o lo castrara, agregó Ronay.
Una corte estadounidense lo condenó en 1969 por conducta lasciva y libidinosa, pagó una fianza de 50 mil dólares y mejor se fue a París con Pamela, para escribir poesía .
Según varios artículos periodísticos que reseñaron sus últimas horas, la víspera del deceso Morrison se sintió mal. Cuando sus conocidos se enteraron de este detalle se extrañaron mucho, ya que él nunca se quejaba y siempre decía que estaba bien, aunque fuera lo contrario.
En la madrugada del 3 de julio Jim fue al baño y ahí lo encontró Pamela, con la cabeza ladeada, sonriendo y con los ojos cerrados. Como el cadáver no tenía signos de violencia la policía decidió no hacer una autopsia, además de que la versión de su pareja era bastante verosímil.
Diane Gardiner, amiga personal y publicista del club Elektra aseguró que la -joven volvió destrozada a Estados Unidos, hablaba sola y no hacía más que culparse por la muerte del artista.
Jim Morrison murió en París, sin aguacero y un día del cual ya tenía el recuerdo. Murió joven, como los héroes griegos, porque despertaba la envidia de los dioses.