Besó muchos sapos antes de hallar su príncipe azul. Cuando lo encontró resultó ser un solterón real que la enjauló en un palacio de cristal hasta que escapó, despeñándose trágicamente por un barranco de 40 metros carretera a Mónaco, Principado del cual era Su Alteza Serenísima.
Como una broma de mal gusto, el auto en que viajaban la Princesa Grace y su hija menor Estefanía, despeñó en la misma curva donde posó junto a Cary Grant en una escena de la película de Alfred Hitchcock
Mónaco está enclavado en la costa azul francesa; es un paraíso turístico famoso por su casino, sus carreras de autos y las luminarias que lo visitan para ver y ser vistas.
Desde su fundación en 1297 por Francisco Grimaldi –apodado Malizia por andar bajo su capa negra una espada– el Principado afrontó serios problemas económicos y vendió su lealtad al mejor postor; en la Segunda Guerra Mundial colaboró con los nazis y fue liberado por las tropas norteamericanas.
Rainiero III andaba en busca de una esposa virginal y fértil, que además de levantar las finanzas le diera lo que no se compra en la pulpería: un hijo. El tercer tratado franco-monegasco, de 1918, señala que si un Grimaldi muere sin tener herederos varones legítimos, el Principado pasará a ser un protectorado francés.
La rifa se la sacó Grace Kelly, por aquellos días diva del cine norteamericano, sin saber que el Príncipe había hecho antes números con Marilyn Monroe y otras aspirantes al trono.
En
Se ignora si ahí concretaron algo, pero Francois Jaudel y Laure Boulay, en
Lo cierto es que la actriz dejó botada la belleza, el lujo y el
El padre de la novia, John Kelly, desembolsó $2 millones para la dote, los cuales obtuvo de su inmensa fortuna ganada a pulso en la fábrica de ladrillos que regentaba en Filadelfia. Aunque Grace era pudiente, la realeza europea siempre la vio como una ama de casa sin pedigrí.
Superadas las nimiedades económicas, Rainiero III y Grace protagonizaron
Sus miserias no tardaron en ser del dominio público. Un amigo de la familia, Dan Richardson, recordó que una noche de 1979 fueron a una fiesta y la princesa se pasó de copas, lucía despeinada, con el maquillaje corrido y aún así insistió en ser ella sola quien conduciría el auto de regreso al palacio.
¿Tales desventuras serían acaso producto de la maldición de los Grimaldi? Dice la leyenda monegasca que Rainiero I dejó plantada a una amante gitana y esta lo maldijo: “¡Ningún Grimaldi hallará la felicidad en el matrimonio!”.
Hasta la fecha, el decir de la pitonisa sigue resonando a la par de los hechos que se sucedieron después: la vida de esta familia real ha estado llena de escándalos, divorcios, bastardos y existencias trágicas, aderezadas con los accidentes que costaron la vida a la Princesa Grace y a su yerno, Stefano Casiraghi, segundo marido de su hija Carolina.
Parece fría pero arde como una brasa; en el Hollywood de los chulos y las fulanas Grace Kelly fue la mujer más peligrosa del cine contemporáneo. Así era la descripción que hizo de ella la revista
En el mundo de las estrellas nadie es inocente y la futura princesa de Mónaco fue la comidilla de los tabloides por su ingenio, cálculo, belleza y misterio, pero sobre todo... ¡por su discreción!. Los
De niña tuvo una salud frágil y vivió con el síndrome de la princesa destronada debido al nacimiento de su hermana; por eso buscó el cariño en su niñera Flossie. Rechazó los deportes y desde los seis años mostró un precoz talento por la actuación, acicateado un poco por su madre, que fue modelo, y por su tío George Kelly, reconocido escritor. Como actriz ganó un Óscar por su papel en
Sus grandes amores fueron Harper Davis, Mark Miller, Dan Richardson y Gene Lyons. A ellos sumó otros que utilizó para sus propios fines y llegar hasta la cima: Ray Milland, Jean-Pierre Aumont, Frank Sinatra y Alfred Hitchcock; con este último desató rumores exagerados.
Su relación con el maestro del suspenso era enfermiza. El gordinflón director estaba obsesionado con las rubias, y le había confesado al cineasta y escritor Francois Truffaut: “¿Sabe por qué elijo actrices rubias y sofisticadas? Busco mujeres de mundo, auténticas damas que saben transformarse en prostitutas en el dormitorio?”.
Según dan cuenta varias biografías de Hitchcock, este convenció a Grace de realizar un acto de caridad: hacer un
Otros rumores de la prensa rosa le echaban más leña al fuego: aseguran que fue amante del maitre del hotel Waldorf y que el esposo de Rita Hayworth, Ali Khan, le regaló un brazalete de oro y esmeraldas a cambio de sus favores.
Grace reinó 26 perfectos años en Mónaco, según la maquinaria de propaganda real. Tuvo tres hijos: Carolina, Alberto y Estefanía. El del medio se casó este 2 de julio con Charlenne Wittstock, tras 11 años de romance; arrastra además dos hijos ilegítimos: Alexander Coste y Jazmín Grace Rotolo.
Carolina y Estefanía fueron los dolores de cabeza de Grace y Rainiero, por sus amoríos, rebeldías y cabezonadas. La primera, con 21 años, era una descocada que enloquecía por la vida galante y frívola que se casó con Phillipe Junot, un juerguista, mujeriego y vividor.
Se divorció y buscó consuelo con Roberto Rosellini y más tarde con Guillermo Vilas. Finalmente, encontró a Stefano Casiraghi y se casaron, pero este se mató en una competencia naútica y dejarla con tres hijos. Ahora asentó cabeza con el Príncipe Ernesto Augusto de Hannover, con quien tuvo una hija.
Estefanía no se quedó atrás y la revista
Las andanzas de Carolina y Estefanía, junto a la depresión por dejar el cine, incrementaron la frustración y la soledad de Grace, que se refugió en el licor.
Además, el trono de Mónaco mostró sus espinas. Rainiero estaba más interesado en atraer inversiones gracias a las conexiones e imagen de Grace; ella era solo una plebeya que ni hablaba francés. Sin embargo, fuera del Palacio el mundo tenía otro concepto de ella. Así lo dijo el escritor Daniel Spoto en su libro
Las infidelidades, se dijo, fueron mutuas. Wendy Leigh, en
El 13 de setiembre de 1982 se acabó el sueño. Grace discutió con Estefanía y ambas subieron a un viejo carro. La mañana estaba radiante. Grace conocía de memoria el recorrido hacia Mónaco. Sesto Lesquio, un campesino monegasco, vio el auto despeñarse y dar volteretas.
Sigue en el misterio quién conducía el vehículo; no hubo huellas de frenado y tampoco autopsia, y el auto fue llevado de inmediato a los garajes del Palacio.
Fue el final de una magnífica estrella, a la cual nadie le dijo que ser la esposa de un monarca era solamente un oficio.