Heredia. "Por sus frutos los conoceréis". Si aplicamos la sentencia bíblica a Guillermo López González, no hay duda de que el fruto de sus manos será, por muchos años, objeto de admiración y respeto.
A sus 83 años, don Guillermo conserva un espíritu jovial e inmejorable memoria. Esta última virtud le permite revivir con todo detalle los acontecimientos que antecedieron a la creación del Santo Sepulcro de Heredia, su ciudad natal.
Una tarde de 1954, el herediano escuchó hablar sobre los planes de mandar a traer un Santo Sepulcro desde España, para las procesiones de Semana Santa.
Para ese entonces, López era un hábil ebanista y propietario de una mueblería.
"Recuerdo que, antes de salir del templo, le pedí al Espíritu Santo que me iluminara y concediera el honor de realizar la obra", afirma este herediano, casado con María de los Ángeles Camacho y padre de doce hijos.
Él afirma que sus ruegos fueron escuchados, no sólo porque recibió la ansiada encomienda del trabajo, sino porque -según cree firmemente-, gracias a la inspiración divina, incorporó detalles en la obra, cuyo simbolismo da un valor agregado al monumento.
Por ejemplo, en la base del Santo Sepulcro labró una franja con una planta de hiedra que representa la tierra. Más arriba, en el cuerpo yaciente de Cristo, está presente la muerte. Finalmente, sobre el Sepulcro, unos querubines llevan un almohadón con la Corona de Espinas y la Santa Cruz.
"Esos querubines bajan del cielo para llevar la corona y la cruz de Jesucristo ante el Padre Celestial y para mostrarle así la gloria de su Hijo", explica emocionado el creador.
Los detalles del Sepulcro estuvieron a cargo del escultor Rafael Chacón (ya fallecido), quien talló en cedro amargo los cuatro ángeles que custodian las esquinas del féretro.
Las cuatro columnas son de caoba, y las barras para levantarlo en hombros están hechas de mora; todas estas maderas provinieron de la provincia de Guanacaste. Su peso original fue de más de 500 kilos.
Ese último detalle obligó a hacer algunas modificaciones al conjunto para aligerarlo. Otras se hicieron sin el consentimiento de don Guillermo, situación que le molesta pues, en su opinión, no concuerdan con la idea original.
Para Guillermo López, observar el Santo Sepulcro en cada procesión de Semana Santa le provoca una gran satisfacción y lo rejuvenece año con año; todo, gracias a su empeño y a la fe de haber contado, durante su faena, con la guía suprema del Espíritu Santo.