No es una tromba, ni tampoco se puede decir que tiene una personalidad "livianita". De cerca y en privado, lo que más resalta en la forma de ser de Marilín Gamboa Gómez, la diva de 7 Estrellas, es la sencillez, la seguridad en sí misma y la costumbre de llamar las cosas por su nombre, sin hacer mucho aspaviento.
De plano cuenta que se aumentó el busto hace "bastantes" años, no tiene la más mínima objeción en reconocer que cumplió 28, el pasado 24 de diciembre, confiesa que no es "peladientes" en la calle y afirma, con toda naturalidad, que sabe que en algún lugar y momento predestinados, está el hombre con el que espera casarse y tener hijos para siempre jamás.
Tras 14 años de exponer su belleza y talento en pasarelas nacionales e internacionales, televisión y hasta cine, Marilín está más que acostumbrada a no pasar inadvertida. De todos modos, es probable que, aunque no lo hiciera, su estatura, su andar de elegante gacela o sus exóticos rasgos afroamericanos igual llamarían mucho la atención.
Ha vivido y disfrutado la experiencia de modelar en países como: Francia, Alemania, Suiza, Italia o España, pero ella no se ha dejado enajenar por el espejismo del glamour.
Siempre regresa fascinada al pueblito en el que se crió: San Jerónimo de Moravia.
"Vivo a unos dos kilómetros del centro, casi llegando al Paso de la Palma, es una zona netamente rural, ahí ves vacas, gente con botas de hule, pasan el lechero y el panadero, toda la gente se conoce y para Semana Santa los vecinos se intercambian miel de chiverre, cajetitas, arroz con leche... me fascina todo eso y, de verdad, pienso que yo difícilmente salga de ahí para ir a vivir a otra parte", dice Marilín.
Cursar la escuela primaria en ese pueblo fue determinante en su formación. No fue al kínder porque llegó a los 5 años y la aceptaron en primero... a los 15 días era la presidenta del aula. En adelante, se involucró en cuanta actividad había, especialmente en atletismo, donde desde entonces supo sacar ventaja a su estatura y a sus larguísimas piernas.
Marilín heredó sus rasgos afroamericanos de su mamá, quien es mulata. En el rasgado de sus ojos claros probablemente intervinieron los de su bisabuela, quien era hija de una jamaiquina y un inglés: era pelirroja, pecosa y tenía los ojos azules.
La hoy conductora de televisión -quien también es publicista y relacionista pública- creció en un hogar liderado por su madre, Glenda, y que completan tres hermanos menores, dos hombres y una mujer.
En la escuela se enfrentó a una cámara por primera vez, cuando un cuento suyo que representaba las vivencias en pueblos rurales fue elegido por el desaparecido programa Génesis, de canal 13, y a su vez ella fue escogida para actuarlo y presentarlo.
A los 14, su mamá la inscribió en el concurso Modelo Perfil y ahí se inició una carrera que no se ha interrumpido hasta la fecha. En aquella ocasión fue la participante más joven, pero ganó el premio a la mejor figura y eso le abrió las puertas del modelaje nacional y también del internacional.
Cuenta que a los 18, durante una actividad de este tipo, tomó un micrófono y empezó a "payasear". Jorge Cossio, de canal 38 la escuchó y de inmediato le ofreció trabajo como presentadora en un espacio musical. Ahí estuvo por tres años y luego pasó a canal 2, donde trabajó como encargada de espectáculos en el programa En su casa, con Luana Freer.
El cierre de canal 2 coincidió con varios triunfos en concursos locales muy importantes y en otros internacionales como Model of the world y Model of the Universe, los cuales ganó. A partir de ahí vivió varias temporadas en Europa. En eso estaba cuando el productor Oscar Castillo, de Producciones La Mestiza, le ofreció el papel que la terminó de ubicar en la retina pública del país: se convirtió en la Mercedes del largometraje Asesinato en El Meneo.
Tras lo que describe como una de las experiencias más enriquecedoras de su vida, llegó aquello que tanto había anhelado: trabajar en canal 7.
Sabía que era un reto monumental porque se trataba del primer Chinamo (al fin del año 2002) y no sabía cómo saldría el experimento del programa y el suyo propio. Su desempeño lo dijo todo y le valió la contratación en 7 Estrellas, donde ya lleva más de un año y cada día se afianza más, al igual que en el último Chinamo, en el que recibió muy buenos comentarios por parte de la crítica.
Y es que, a no dudarlo, esta moraviana es de armas tomar. En Asesinato en El Meneo hizo un desnudo, de la cintura hacia arriba, porque la producción lo ameritaba y no se trataba de algo vulgar ni gratuito. De hecho, asegura que hasta las señoras la felicitaban en la calle por la forma estética en que representó esa parte de su papel.
Nada de novio
¿Y cómo anda Marilín en la parte personal y emocional, en asuntos de pareja?
"Bueno, no tengo ninguna expectativa en ciernes, ni ningún noviazgo (se ríe)... y tampoco ninguna urgencia. Yo tengo un trato con Dios, es mi gran aliado, y no tengo por qué buscar, Él sabe cuáles son mis requisitos y sabrá cuándo enviarme la persona con la que me voy a casar y a tener la familia que quiero".
Los "requisitos" de Marilín no tienen nada que ver con la parte física; en eso, asegura, no tiene preferencias. En cambio, le gustaría conocer un hombre muy seguro de sí mismo, muy trabajador y que sea muy buen hijo, porque "el que es buen hijo es buen hermano, buen esposo y buen papá", asegura.
Cuenta que no es muy parrandera; su afición número uno, cuando está libre, es compartir con grupos pequeños de amigos, tomarse un vino o un whisky, jugar pool o escuchar música.
Aunque casi no hace ejercicio, lleva una dieta muy sana. Su hobbie definitivamente no es la comida, pero sí tiene una gran preferencia por el sushi. Tiene poquísimo tiempo libre porque, aparte de su trabajo en televisión, es socia de la empresa de eventos especiales Qu, trabaja en la empresa de avionetas fumigadoras de su hermano y es la relacionista pública del Grupo Meliá.
Con una vida tan agitada, ¿será por eso que disfruta muchísimo de la soledad y de consumirse en la televisión, ojalá sin compañía?
Marilín Gamboa, una legítima capricornio, testaruda a más no poder, buena amiga de sus pocos amigos, desconfiada y directa, tiene un requisito básico para la gente que la rodea: "Me gusta toda la gente contenta. No soporto la gente que vive quejándose, me alejo instantáneamente de eso porque siento que contamina. Soy, en esencia, una persona muy positiva".