
Animación para el tiempo de vacaciones navideñas. Suena bien. Sin embargo, suena mejor si esa animación viene en pantalla grande. Mejor si dicha pantalla ofrece una nueva versión de los cuentos navideños que escribió el británico Charles Dickens.
Entonces tenemos –ya con una semana de exhibición– la película Los fantasmas de Scrooge . El cuento de Dickens es abordado como género fantástico. También como drama con moraleja.
Igual, podemos verlo como cine familiar, aunque algunos niños muy pequeños se asustan en la sala (“mami, tengo miedo”, dijo un chiquito en el Mall San Pedro, lo suficientemente duro para que lo oyéramos todos y los espectadores nos riéramos).
Espíritus navideños. La trama nos cuenta una historia conocida. Es la historia del ruin y tacaño Ebenezer Scrooge (con la voz de Jim Carrey en la versión en inglés y cuyo físico y movimientos le dan cuerpo al personaje). Todo comienza para las vacaciones de Navidad con la habitual actitud despreciativa y los modales bruscos de Scrooge.
Ello –el mal modo– se nota más cuando Scrooge habla con su fiel empleado Bob Cratchit y con su alegre sobrino . El socio de Scrooge ha muerto y decide volver a las oficinas de Scrooge para que este cambie su manera de ser.
Viaje con espectros. En este momento, se le aparecen a Scrooge los distintos espíritus de las Navidades. O sea, en su orden, se le aparecen los espectros de la Navidad pasada, la del presente y la del futuro.
Dichos fantasmas lo llevan en un esclarecedor viaje que le revela verdades al usurero, solo que él se resiste a verlas.
Al final, el viejo Scrooge deberá abrir su corazón y compensar los tantos años de rencor que ha vivido, antes de que sea demasiado tarde...
Esta cinta, de Robert Zemeckis, utiliza la misma técnica de animación que en Expreso polar y en Beowulf .