Manama, AFP. La oposición de Bahréin apuesta por el príncipe heredero, el joven y reformista Salman Ben Hamad al Jalifa, para salir de la crisis, pero teme que el ala dura del régimen paralice sus esfuerzos, mientras hoy se convocó a una jornada de duelo por los muertos en la protesta.
Los disturbios en el pequeño reino del Golfo entraron este viernes en su 12.º día y se esperaba una manifestación en memoria de las siete víctimas mortales en los episodios de violencia que marcaron el inicio de la revuelta contra la monarquía.
En entrevistas con la AFP, responsables de la oposición dijeron que deseaban encontrar un acuerdo con quien fue designado por el rey Hamad Ben Isa al Jalifa para impulsar el “diálogo nacional”.
No obstante, para Alí al Asuad, diputado de Wefaq, el principal grupo de la oposición chiita, “algunos”, a los que no citó, no quieren que el príncipe Salman tenga éxito.
“El jeque Salman Ben Hamad al Jalifa se enfrenta a un gran desafío: probar su capacidad para dirigir el país en su calidad de heredero del trono”, destacó.
El príncipe heredero, de 42 años y con educación en Occidente, supervisa desde el 2001 las ayudas económicas de Bahréin, un archipiélago de 700 km² con medios limitados y que cuenta con 1,2 millones de habitantes, mayoritariamente chiitas.
Según un cable de la embajada estadounidense en Manama de diciembre de 2009, revelado por WikiLeaks y citado esta semana por el diario “The Washington Post”, el jeque Salman es “muy cercano al campo reformista en el seno de la familia reinante”.
Según el jefe del bloque parlamentario del Wefaq, Abdel Yalil Jalil Ibrahim, “el príncipe heredero sufre la presión de algunos en el seno de la familia real”, una dinastía sunita que reina desde hace más de 200 años.
Para contener la revuelta en este pequeño reino del Golfo, el príncipe ya accedió a varias demandas de la oposición.
Ordenó la retirada del ejército y de las fuerzas de seguridad del centro de Manama, y la liberación el miércoles de decenas de detenidos políticos chiitas.
En el puesto desde la independencia de Bahréin en 1971, el actual primer ministro, el jeque Jalifa Ben Salman al Jalifa, se encuentra en el punto de mira de los protestantes bahreiníes, quienes exigen su salida.
Por su parte, al ministro del gabinete real, el jeque Jaled Ben Ahmed al Jalifa, se lo considera en medios de la oposición chiita como “el líder del ala dura de la familia real”.
Para Ibrahim Charif, un jefe de la oposición de izquierdas, la designación del príncipe heredero es “una buena opción”, pero “la familia reinante está dividida sobre la forma de gestionar las consecuencias de los últimos eventos”.
Los principales grupos de la oposición piden la instauración de una monarquía constitucional, pero los manifestantes más radicales reclaman el fin del régimen, a semejanza de lo ocurrido en Túnez y Egipto.