Locura. Quiero usar esta palabra en dos sentidos. Uno en el uso coloquial, con el tono de alegría colectiva generada por Hannah Gabriel en la pelea del campeonato mundial. Y el otro, más técnico, está animado por el clamor que han lanzado los médicos psiquiatras por el uso de imágenes de enfermos mentales, merodeando desnudos en el hospital, como parte de un reportaje de la tele.
Vamos primero con Hannah. Ya se sabe que las televisoras concentran su interés en el futbol. Y ese es un círculo difícil de romper. Las televisoras están donde hay interés público, porque su función no es la promoción sino la cobertura.También, en reconocimiento de la tele, hay que decirlo: cuando los atletas tienen grandes desempeños, han logrado atraer la atención de los medios hacia ellos y hacia sus disciplinas. Fue así con Rafael Ángel Pérez en pista, María del Milagro París en natación, Marie Ramírez en boliche o las Poll con sus medallas olímpicas. Sin embargo, nada se compara con los 50 puntos de audiencia lograda a media noche por el campeonato de Hannah. No tengo los registros a mano, pero me imagino que es un récord histórico, evidencia del aprecio por la deportista y por la persona.Hannah es un ídolo deportivo y su estatura se ve en las declaraciones previas a la pelea, donde ofrecía agresividad absoluta y deseo de ganar con castigo a su oponente, pero su reacción de nerviosismo cuando la vio desvanecerse y las palabras de apoyo que le dio cuando, al fin, pudo hablar con ella para agradecerle la pelea y haberla llevado a otro nivel de su potencial. La tele muestra el acontecimiento de la pelea y deja ver en la comunicación de la deportista su estatura de persona y de atleta. La transmisión de canal 7 fue, sencillamente, grandilocuente: una mezcla de talento narrativo, montaje de imágenes y reacción periodística. Creo que, frente a la decepción de Messi y Shakira, al final, fue el gran momento de la inauguración del Estadio Nacional.
Locura. Luego está el otro sentido, el de las enfermedades mentales. Aunque la información científica crece de forma acelerada y es fácilmente accesible, la imagen pública de los trastornos mentales en los medios de comunicación parece tener una asimilación lenta. O tal vez, el desconocimiento de la complejidad de una enfermedad, produce efectos indeseables en la cobertura precipitada de un tema.Algo debió haber ocurrido cuando en un reportaje de 7 Días , de canal 7, presentó unos enfermos mentales deambulando desnudos en el hospital donde les dan tratamiento. La imagen impactó a los médicos psiquiatras, que estaban inquietos porque, para ellos, el uso de esas imágenes se dio sin ningún criterio ni médico ni periodístico. Ahora bien, al tiempo de la queja, también es importante rescatar el papel de la prensa en la sensibilización de la población frente a la enfermedad mental, como en la denuncia de situaciones de claro abuso o descuido de los derechos de los enfermos.En general, el tema de las enfermedades mentales fue usado por periodistas para denunciar un espantoso cuadro de penosas condiciones de vida y sórdido maltrato. En este caso, la inconformidad es porque los enfermos descompensados y desnudos frente a cámara no explican el tema ni ayuda a comprender mejor la complejidad de las enfermedades mentales.Según los manuales periodísticos más recientes, la idea es que las personas afectadas por una enfermedad mental reciban un tratamiento mediático justo y adecuado, según las ideas informadas que a los mismos medios les toca decidir. En este caso en particular, la principal responsabilidad es del centro de atención en salud, pues los enfermos están institucionalizados es decir, privados de su libertad, justamente porque están en incapacidad de conducir su vida en estos momentos; eso no significa que no puedan hacerlo dentro de unos meses; sin embargo, el estigma de aparecer en uno de los principales informativos del país en esas condiciones es una imagen que difícilmente se puede recuperar.Para finalizar, ampliemos el foco a un ámbito más grande. Una de las caras de las enfermedades mentales es el suicidio. Las televisoras cubren con total atención los accidentes de tránsito, pero no los suicidios, ni como imagen ni como tema. No sé exactamente cuál es la razón. Tal vez piensen que hablar de suicido es fomentarlo o tal vez los propios periodistas enfrenten dificultad para abordar el tema con propiedad y prefieren no cruzar la línea de trabajo.