México ha perdido a su Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, el más inquieto intelectual mexicano. Dedicado a combatir en los frentes de la poesía, la política y del pensamiento sobre su país y de los fenómenos culturales contemporáneos, murió a los 84 años en la noche del domingo, en su residencia de la capital mexicana.
El gran poeta
Nació en 1914 en un hogar marcado por la tensión entre el liberalismo laico de su abuelo Irineo y la tradición hispanocristiana. Fue hijo de un periodista seguidor del revolucionario Emiliano Zapata y de una católica hija de inmigrantes andaluces.
De mediana estatura, blanco, ojos claros, elegante, el escritor no representaba al mexicano tradicional de ascendencia indígena, de paciencia y sumisión milenarias, sino más bien al "criollo" inquieto y conflictivo de origen español.
Conocido como gran expositor, expresaba sus ideas con el movimiento de las manos, atento a sus interlocutores, a quienes sorprendía por la beligerancia de sus planteamientos contra las izquierdas de su país y del mundo, y sobre los peligros del capitalismo.
Con sus obras se destacó como uno de los más brillantes pensadores latinoamericanos de todos los tiempos, al lado de Alfonso Reyes y Jorge Luis Borges, dando nueva fuerza al género del ensayo, al que aligeró y liberó de retórica vacía.
Entre sus libros más importantes figuran El laberinto de la soledad, obra clave sobre los misterios de la mexicanidad, la recopilación poética Libertad bajo palabra, así como decenas de volúmenes de ensayos literarios y políticos. (véase recuadro página 2).
Paz creció en una vieja casona situada en las afueras de la capital, en el tradicional pueblo de Mixcoac, dentro de una familia "venida a menos, empobrecida por la revolución y la guerra civil".
Educado en el Colegio Francés de los hermanos maristas, el poeta tuvo desde niño contacto con la cultura francesa, ya que su tía paterna, Amalia, lo acercó desde temprano a Rousseau, Michelet y Victor Hugo.
Gran lector de "los poetas modernistas y de los escritores que leían a los modernistas", se nutrió de autores románticos, parnasianos y simbolistas, pasando largas horas en la biblioteca de su abuelo, un periodista que luchó contra la intervención francesa y fue partidario de Porfirio Díaz.
Últimos meses
Un año decisivo en su vida literaria fue 1937, cuando se casó con su primera esposa, la escritora mexicana Elena Garro -con quien tuvo una hija, Helena-, y fue invitado a España en plena guerra civil, para participar en el Congreso de Escritores Antifascistas.
Durante el viaje por España y Francia conoció a Robert Desnos, César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Antonio Machado y Manuel Altolaguirre, entre otros, conectándose con los cambios estéticos del momento.
En 1944 obtuvo la beca Gugghenheim y viajó a Estados Unidos para descubrir "la realidad asombrosa y terrible de la civilización norteamericana", y leer a poetas como Eliot, Pound, William Carlos Williams, Wallace Stevens y E. E. Cummings.
Desde 1945 trabajó para el servicio diplomático y fue embajador en la India de 1962 a 1968, cuando renunció en protesta por la matanza de estudiantes de la plaza de Tlatelolco. Divorciado en 1967, en la India conoció a Marie José Tramini, escultora francesa (que utiliza el nombre de María José Paz), su segunda esposa, a quien consideró el amor de su vida y con quien convivió hasta su último día.
Atento a lo que escribían los jóvenes y a los aconteceres políticos de su país, Paz residió hasta su muerte en la ciudad de México, en un apartamento que se incendió el pasado diciembre, dejándolo sumido en una gran tristeza por la pérdida de libros y cuadros, y por la muerte de varios de sus gatos, sus animales preferidos.
Desde entonces, Paz ingresó varias veces a hospitales y se retiró de toda actividad pública, que solo rompió el 17 de diciembre de 1997 para asistir a la apertura de la Fundación Octavio Paz que, con los reconocimientos recibidos el último año, endulzaron los últimos meses de su vida.
La Fundación es un reconocimiento del Gobierno, intelectuales y empresarios a las contribuciones del poeta a la vida social y cultural de México.
El 31 de marzo pasado, cumpleaños de Paz, entregó al chileno Gonzalo Rojas el primer Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo 1998.
En abril de 1997, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) instituyó la Cátedra Extraordinaria en honor de Octavio Paz, la primera que fue creada en vida para rendir homenaje a un personaje de las letras.
La enfermedad obligó a Paz a ausentarse del primer Congreso Internacional de la Lengua que se celebró en abril en la ciudad mexicana de Zacatecas y a cuyos participantes envió un mensaje en vídeo.
En mayo de 1997, el Gobierno de Chile otorgó a Octavio Paz la Medalla que lleva el nombre de la poetisa chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945, reservada para destacadas figuras de las letras de Hispanoamérica.
En agosto de 1997, en una entrevista con la cadena Televisa, Paz afirmó que la poesía es la memoria de los pueblos y la "gran fabricante de fantasmas".
"La memoria es creadora, y de allí la paradoja de la poesía; esta es la memoria de los pueblos, pero también es aquella parte secreta del alma de cada uno de los pueblos en la cual, de alguna manera muy oscura y muy ambigua, se refleja y se perfila el futuro", dijo Paz.
"Al escribir reflexiones sobre la poesía -añadió-, estaba escribiendo reflexiones sobre lo que significa ser un poeta a fines del siglo XX y al comenzar un nuevo milenio".
Poesía y compromiso
Las obras más conocidas de Paz son:
Poesía: la recopilación de sus poemas se ha publicado con los títulos de Libertad bajo palabra (1935-37); Salamandra (1958-61), Ladera Este (1962-68), Poemas (1969-78).
Ensayo : El laberinto de la soledad (1950), El arco y la ira (1957), Cuadrivio (1964), Puertas al campo (1966), Corriente alterna (1967), Posdata (1970), Los hijos del limo (1974), El ogro filantrópico (1974), Inmediaciones ( 1979), Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe 1982), Sombra de obras (1983).
Textos : El mono gramático (1975).
Teatro : La hija de Rapaccini (1957).
Reconocimientos
Entre los muchos premios que recibió Octavio paz figuran: el Guggenheim (1944), el de la Crítica Española (1957), el Jerusalén de la Paz (1977), la Gran Águila de Oro del Festival Internacional del Libro (1979), el Ollin Yolitzli de literatura en lengua española (1980), el Miguel de Cervantes (1981), el Internacional Menéndez Pelayo (1987) y eñ Tocqueville (1988).
El 11 de octubre de 1990 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por su "poesía sensible y de amplios horizontes, repleta de inteligencia e integridad humana". Con ello se convirtió en el décimo escritor en castellano que ha obtenido ese premio.
El político
Octavio Paz fue el centro permanente de la controversia en torno a los acontecimientos políticos del siglo, frente a los que siempre estuvo listo a opinar, incluso contra la corriente.
Por ser hijo de un rebelde, representante del revolucionario Emiliano Zapata, y nieto de un hombre ligado a la dictadura de Porfirio Díaz, Paz inició su carrera intelectual marcada por la fidelidad simultánea o intermitente, entre la rebeldía y la tradición.
Afectado por el horror de los ahorcamientos de campesinos que vio cuando con su madre iba a rescatar el cuerpo de su padre, arrollado por un tren, cuando México aún vivía las secuelas de la revolución mexicana, Paz fue un activo militante en contra de la violencia para lograr objetivos políticos.
En la aulas de la Universidad Nacional Autónoma de México, Paz conectó con las ideas sociales del momento en la década de los 30. Tras un viaje a Yucatán, para conocer las realidades de la explotación indígena, fue invitado, siendo aún muy joven, a España, a la reunión antifascista, convocada por intelectuales favorables la reciente Revolución Rusa.
Sin embargo, a su regreso a México empezó a manifestar una profunda aversión hacia las ideas dogmáticas de la ideología comunista, y en especial en contra del duro nacionalismo autoritario que irrumpía en México, una vez apagados los fuegos de la revolución.
En la década de 1940, Paz mantuvo una estrecha relación con el grupo intelectual mexicano "Contemporáneos", entre los que destacaban Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia, cosmopolitas y escépticos que introdujeron en México ideas políticas y estéticas modernas, pese a las críticas de una intelectualidad en su mayoría ligada al entonces Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI, en el poder desde hace 69 años.
Paz participó en varios proyectos editoriales como la revista Taller. Después, con una beca Gugenheim, abandonó México por Estados Unidos, donde, afectado por una profunda crisis personal en torno a la identidad mexicana, escribió su más famoso ensayo: El laberinto de la soledad.
En ese libro, Paz trató de explicar la profunda contradicción del mexicano, entre su ancestro indígena aplastado por la conquista española, el mestizaje y las difíciles relaciones con el poderoso vecino del norte, que arrebató al país casi la mitad de su territorio.
Durante su larga estadía como funcionario en la embajada mexicana de París, Octavio Paz conoció las ideas antitotalitarias que ya se gestaban en Europa, como las de Cornelius Castoriadis y otros intelectuales que comenzaban a luchar contra el estalinismo todopoderoso, después de la Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, Paz nunca cesó de atacar los regímenes comunistas, ganándose la enemistad de muchos intelectuales de la izquierda mundial.
Además de su crítica al poder totalitario, Paz comenzó desde muy temprano a cuestionar el poder del Partido Revolucionario Institucional y su régimen, en los libros El ogro filantrópico, Corriente alterna y Postdata.
Sus últimos y más duros combates, que le valieron ganar el Premio de la Paz de los libreros alemanes, el de Jerusalén y el Nobel de Literatura en 1990, fueron contra el régimen de Fidel Castro en Cuba y las guerrillas marxistas que proliferaron por el subcontinente latinoamericano.
Antes de ser galardonado por el Nobel, furibundos manifestantes mexicanos quemaron un monigote con la figura del escritor frente a la embajada de Estados Unidos, en protesta por su discurso antiizquierdista ante los libreros alemanes.
Durante dos décadas, Octavio Paz utilizó, como su principal tribuna en contra de los totalitarismos y a favor de la democracia liberal occidental, a la revista Vuelta, que dirigió hasta el día de su muerte.
En sus últimos años, Paz fue ambiguo con la realidad de su país, sorprendido por la irrupción de una guerrilla indígena en Chiapas, a la que criticó desde el inicio, y lo cual le valió el rechazo de la oposición.
En su última aparición pública, Paz dio un apoyo tácito al gobierno del presidente Ernesto Zedillo, junto a quien apareció, expresando opiniones favorables a la actividad de los políticos.