Debo advertir que abrigo un gran respeto por los números -obra cumbre de la cultura arábiga en Occidente- y mucho más por los profesionales de los números, de quienes siempre he admirado su decisión de instalarse en el universo abstruso y esotérico de las matemáticas. [Tengo, sí, para ellos algunas preguntas de carácter léxico o semántico. Por ejemplo, ¿de dónde diantres salió el vocablo -y el concepto- sumatoria? ¿ Qué valor agregado hay en sumatoria en relación con la tradicional y austera suma? ¿Por qué no, también, restatoria, multiplicatoria y divisoria?]
Pero resulta que aritmética y gramática tienen en común algo que se llama numerales: cifras, por una parte, y elementos nominales, por la otra. El idioma abrió cortésmente sus puertas a los guarismos -elementos de otro sistema semiológico- para que alternaran con las letras o signos alfabéticos. Y, naturalmente, le corresponde en justicia a la gramática establecer las normas relativas al buen uso lingüístico de estos numerales.
Según el DRAE, adjetivo ordinal es "el numeral que expresa la idea de orden o sucesión; primero, segundo, quinto, sexto". Me parece que esta explicación del diccionario académico, aunque correcta, carece de un poco de imaginación. ¿Por qué se limitó a ejemplos tan sencillos, de números bajos, y olvidó otros más complicadillos, como, por ejemplo, milésimo septingentésimo octogésimo nono (año de la Revolución Francesa) o milésimo noningentésimo nonagésimo nono (año en que vivimos)? Y ¿por qué no indicó su correspondiente modalidad en cifras: 1.°, 2.°, 5.°, 6.°, 1789.°, 1999.°? [Para los que no lo sabían, a continuación de la cifra debe colocarse un punto -aunque casi nadie lo hace; la verdad es que ni yo mismo-, y esa o (puede ser a, os, as, según género y número) diminuta, como luna llena en el horizonte, se denomina o volada.]
Y ya voy llegando a donde quería: los ordinales correspondientes a once y a doce tienen como nombre legítimo y cabal undécimo y duodécimo, respectivamente (también pueden llamarse onceno y doceno, pero estas últimas denominaciones están en desuso). Los apodos decimoprimero, decimosegundo, onceavo, doceavo son solo eso: motes, alias, remoquetes&...;, por mucho que se utilicen, particularmente en el plano coloquial.
Y ya termino. Estamos próximos al año dos mil; en ordinales: bismilésimo. (¡Muchos hubieran apostado por un cómodo "dosmilavo"!