Yendry Miranda. 27 septiembre, 2010

La coreógrafa costarricense Karol Marenco conoce la bien la danza latinoamericana. República Dominicana, Colombia y México son tres de los seis países de la zona donde ha podido de trabajar.

A esa considerable lista de destinos, ahora la artista suma uno más: El Salvador, donde hace un mes asumió la dirección de la Compañía Nacional de Danza.

En ese país, Marenco no solo ha sumado experiencia, sino que también ha aprendido que son más las semejanzas que las diferencias entre los bailarines de la región.

Viva conversó con la artista sobre sus primeras labores al frente del grupo.

Usted ha trabajado con agrupaciones en Costa Rica, Colombia y República Dominicana ¿Qué la llevó hasta El Salvador?

En realidad, fue un asunto laboral el que nos trajo acá, porque mi esposo trabaja con las Naciones Unidas y fue trasladado. Así que me vine con mi esposo y mi hija.

Entonces, ¿cómo se da el contacto con la CND de El Salvador?

Yo no tenía ningún contacto con la danza de este país. Envié mi currículum y cayó en buenas manos pues recibí una oferta de trabajo.

¿Fue una casualidad?

Yo no creo en las casualidades. vengo haciendo un trabajo a nivel coreográfico y de clases; las cosas se dieron en el espacio correcto.

¿Qué ha encontrado en la danza y los bailarines de ese país que otros lugares no tienen?

Yo apenas tengo dos meses de haber llegado a El Salvador, así que por el momento, solo puedo hablar de la Compañía, que es donde he estado sumergida. Ellos son bailarines jóvenes, con gran formación, sumamente enérgicos. Además tienen una apertura hacia el trabajo coreográfico y a aprender; esto los hace muy vitales y me inyectan de esa vitalidad a mí.

¿Cómo le ha ayudado esta experiencia a la hora de asumir la dirección de un grupo como este?

El estar en un país nuevo, en un contexto totalmente distinto,me ha hecho perder el temor de volver a empezar. Ahora sé que se puede llegar a niveles muy buenos, independientemente de no haber sido parte del contexto desde el principio. Para mí, estar en un país distinto ya no es un límite.

¿Hay diferencias entre la danza salvadoreña y la costarricense?

El bailarín es el bailarín, esté donde esté. Esa necesidad de moverse y comunicarse a través del lenguaje del movimiento está en todos lados. Sin embargo, la danza en la Costa Rica está muy organizada, cuenta con apoyo institucional y gubernamental de una manera más fuerte. Aquí, la compañía es más joven que cualquier agrupación estatal, apenas tiene dos años, y posee buen apoyo de parte del gobierno. Así que encuentro que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

¿Qué prioridades tiene como directora de la CND de El Salvador?

Una es el espacio físico. Estamos trabajando en la remodelación de un local propio que le permitirá a la compañía más estabilidad, proyección y hasta impacto social. Estamos planificando las giras a nivel nacional, queremos ir a los teatros más importantes del país y a espacios convencionales para alcanzar más población y así lograr una democratización de la danza.

¿Están Costa Rica y sus coreógrafos involucrados en el plan?

Sí ya he recibido propuestas de coreógrafos costarricenses que quieren venir a trabajar con la compañía. Estamos calendarizando todo esto, posiblemente para el próximo año. Ya tenemos la visita del estadounidense Darryl Thomas y del suizo Charles Vodoz para el otro año, es posible que los que continúen sean los costarricenses.