Para Torres-García un concepto era básico para que los artistas de los años 40 encontraran su derrotero en las revueltas aguas del modernismo: "nuestro norte es el sur".

Con ello quería significar que en Sudamérica era posible un arte de vanguardia con carácter propio; el cual, sin renunciar a las exploraciones de cubistas, suprematistas y abstraccionistas, incorporara elementos de nuestra idiosincrasia cultural.
Así, Torres-García abrió su propia escuela de arte luego de una vida en Europa, e inculcó la severidad estructural de Moldian, salpimentada con signos indígenas y aportaciones de un esoterismo cósmico.
El primer Torres-García que vi estaba en el taller de Mario Carreño en París, mientras pintaba sus últimas telas geométricas. Esa pequeña tela de escueta formalización y color encerraba la fórmula estilística que hoy podemos apreciar en esta exposición: estructuras rectilíneas, colores primarios y objetos, signos y letras trabajados como logotipos coloreados dentro de un fuerte contorno oscuro.
Por dicha no todos los seguidores de Torres-García adoptaron a rajatabla ese estilo; si bien unos pintan literalmente como el maestro, otros producen variantes que se abren en los caminos de Chirico o de Ozzenfant, al purismo de Jeanneret o Leger, otros se encaminan hacia las técnicas del "ensamblaje" y la escultura "povera", más allá llegan a elementales composiciones que miran hacia lo que hoy se etiqueta como minimalismo.
Las variaciones debidas a Julio Apuy, José Gurvich, Augusto Torres, Francisco Matto transforman esta muestra en una fascinante aventura por el arte americano, en un admirable despliegue de piezas de tan alta calidad que en nada desmerecen las alturas artísticas de una Hamburger Banhof o Beuabourg.
Y en ese resultado se ve la mano pedagógica del maestro: "creación dentro de las reglas" y también la perennidad de una propuesta que luego de 50 años, en cierta manera, sigue vigente en las obras de los talentos actuales.
Una muestra de lujo que recomendamos visitar para disfrutar de las largas raíces que afiman nuestro "novísimo" posmodernismo.