
P aderborn, Alemania. Lo que nació como "computadora personal" ha sufrido cambios violentos en las últimas tres décadas. Sin embargo, un pequeño grupo de nostálgicos ha decidido permanecer leal a las máquinas de los primeros tiempos.
Incluso, han formado clubes y grupos dedicados al culto de las computadoras clásicas que desaparecieron del mercado desde hace bastantes años.
Computadoras de la "edad de piedra", como la Commodore C-64 o ese Apple Cube que, cuando apareció, ostentaba un diseño muy avanzado para su tiempo, son algunas de esas reliquias veneradas por estos grupos.
Han aparecido incluso programas y hardware nuevos para estos "sistemas muertos", pese a que, en muchos casos, la compra de uno de estos aparatos es cualquier cosa menos barata.
"Para muchos amantes de la computación, su primera computadora seguirá siendo por siempre su primer gran amor", asegura Michael Mikolajczak, curador del Museo Heinz Nixdorf, en Paderborn.
Los coleccionistas se disputan piezas de museo como la Sinclair ZX 80 , la Apple II o la Altair 8800 , que salió al mercado en 1975 como la primera PC del mundo. Equipada con conmutadores de palanca y díodos luminosos, esta máquina parecería tener muy poco en común con las computadoras actuales, aunque hay fans que estarían dispuestos a pagar hasta $5.000 (casi ¢2,5 millones) por uno de sus modelos.
La gran favorita. Ante todo, sin embargo, es la Commodore C-64 lo que sigue despertando nostalgias de juventud en muchos aficionados. Salió al mercado en 1982 con un procesador de 0,985 megahertz y una memoria RAM de solo 64 kilobytes , pero sigue figurando en el Libro Guinness de los Récords Mundiales como la computadora mejor vendida del mundo. Se habían vendido ya 30 millones de ejemplares cuando esta computadora dejó de fabricarse en 1993.
Para aficionados a la computación como el alemán Manfred Schwab, la C-64 estámuy lejos de ser una pieza de museo. Conocido por el apodo de Doc 64, Schwab posee cerca de 300 computadoras Commodore viejas que él se ha encargado de remozar con tecnología moderna.
"Hay aficionados que hasta el día de hoy siguen usando solo su C-64 ", afirma Schwab, cuyo club organiza cada año una convención llamada "Classic Computing" ,que se dedica al mantenimiento de computadoras clásicas.
Afirma que todavía es posible hallar una C-64 por unos $20, perdida en un mercadillo de alguna ciudad de Europa o Estados Unidos. Muchos la quieren para volver a probar en ella juegos clásicos con muchos píxeles como Pacman o Space Invaders.
No obstante, la C-64 todavía sirve para programas procesadores de textos, para controlar la iluminación de una discoteca o para accionar trenes de juguete. Y con algunas de estas máquinas se puede navegar en Internet.
Para ello se pueden transferir programas navegadores desde la red, aunque el hardware para lograrlo es costoso. Se necesita una Super CPU de 20 megahertz y 16 megabytes de RAM, cuyo costo es de alrededor de $400 (¢196.000).
Para los amantes de la C-64, estáel sitio The C-64 Inventory, en inglés y en español, con listas de poseedores y fotografías de ejemplares "aún vivientes" de esta máquina (http://www.telefonica.net/web2/c64-inventory/castellano/principal.ht m).
La Atari ST mantiene también su popularidad, en especial para músicos aficionados, puesto que ofrece la más económica combinación para grabar una sesión con instrumentos Midi.
Y los seguidores de la Amiga tienen aún más posibilidades a su disposición. Programadores de la firma Individual Computers han creado toda una batería de hardware nuevo para viejos sistemas, incluyendo tarjetas de red para acceso ADSL y un adaptador USB para modernos periféricos. Incluso la chillona música y las imágenes "pixeleadas" típicas de esta máquina pueden refrescarse con nuevas tarjetas de sonido y gráficas, pese a que esto probablemente escandalizará a los puristas nostálgicos.
"Estas nuevas expansiones permiten que la Amiga satisfaga las demandas de las actuales aplicaciones", dice Guenter Horbach, de la firma KDH Datatechnik, especializada en Amiga .
Pero quienes buscan sistemas completamente nuevos como la Commodore One o la Amiga One pueden hallarlos en Internet, aunque a precios de shock: una C-One cuesta $250, mientras que un moderno sistema Amiga puede costar varias veces más.
Los discípulos de Macintosh pueden sonreír ante tales sumas. Para la comunidad Apple, los precios elevados han sido desde hace mucho tiempo parte del paisaje. Los adoradores de las Macs comprenden que tal placer tiene su precio. "Hay Mac fans que han decorado sus escritorios como un altar, deificando sus computadoras", cuenta Alireza Ghasemi, quien administra un portal dedicado a los fans de Apple Macintosh.
El Apple Cube , cuyo diseño cúbico rompió más que moldes ópticos, con su concepto silencioso, sin ventilador, tiene también su propio culto. Para Apple, sin embargo, fue un completo fracaso financiero y la máquina tuvo que ser retirada del mercado solo un año después de su lanzamiento.
Pero ha sido allanado el camino para alcanzar el estatus de estrella: según Ghasemi, vive todavía una comunidad de fieles al Apple Cube. Los modelos cuestan alrededor de $1.300 (¢637.000). Pero al menos la comunidad de apoyo es fuerte: cientos de fans del Cube están siempre dispuestos a ayudar a los recién llegados en la instalación y actualización de sus máquinas.
Y aunque las viejas computadoras desaparezcan del mercado, parecen vivir aún en el software . Hay programas emuladores que convierten las computadoras modernas en computadoras "retro". Incluso juegos como Pong , que venía con Odyssey -la primera consola de videojuegos, en 1972- pueden ahora ser transferidos para ser jugados en los teléfonos celulares.