Normalmente se culpa a los políticos de todos los malos enfoques y lamentables desenlaces obtenidos, cuando se repasan los resultados, bajo la luz del tiempo. De la poca visión para el futuro y la falta de tacto social con que usualmente toman decisiones, particularmente las económicas. Pero además, nuestra política tan venida a menos, resultó en algo que no se tenía previsto. Lo sucedido el primero de mayo lanza una advertencia sobre algo que no es sino hasta ahora que vemos con claridad. Y algo irrebatible: que nuestro histórico bipartidismo se fue tergiversando, con el paso de los años, al punto de conformarse el mal llamado PLUSC. Y de ahí, de esa ‘alianza’, nació la semilla que germinó, nada menos, que en el multipartidismo.
Analizando las causas que generaron la “Alianza por Costa Rica” y en general, lo sucedido el primero de mayo, salta la duda de si realmente le sirve a Costa Rica la figura del multipartidismo. Nunca en cincuenta años se había dado algo similar, y no es sino hasta ahora que la Asamblea presenta tantas opiniones e ideologías diferentes. Ahora, es el multipartidismo quien se ha apoderado del directorio.
Muchos partidos, muchos criterios. Se dice que la democracia es el reflejo de todos los ciudadanos, incluyendo minorías, en el denominado ‘gobierno popular’, ya que las iniciativas de todos los grupos se escucharán y esto siempre es algo bueno. No obstante, al haber tanto fraccionamiento en el congreso, nadie asume responsabilidades y las alianzas terminarán dando como resultado, poco o nada. Nadie se hace cargo de lo dicho, bajo el argumento de que cada quien profesa una ideología diferente. Por eso las declaraciones del señor Mendoza fueron duras, al responderle a doña Laura, que tendrá que negociar con cada partido por separado.
Y no dudamos que muchos partidos aportan grandiosas ideas y proyectos. Pero si no asumen con responsabilidad su labor, esto es, la representación proporcional del pueblo en la Asamblea, buscando lo mejor para los costarricenses, se debilitará la función para la cual fueron elegidos, dando así al traste con proyectos y con el rumbo del país. De nada serviría entonces que tengamos seis o diez partidos, si al final, nuestros votos solo sirven para incitar a la inoperancia legislativa por falta de consenso. La ‘trampa’ estaría en creer, nosotros, que con muchos partidos, la Asamblea sacará adelante los proyectos que más necesitamos. Porque podría ser un engaño. Una ilusión.
Como contraparte, cuando hay un modelo bipartidista, cada partido asume con seriedad y responsabilidad sus promesas ante la ciudadanía; y adicionalmente, el partido opositor sirve de contrapeso al de gobierno, ejerciendo la presión para que este a su vez haga bien las cosas. Pues de no ser así, la oposición sacará provecho para quitar del poder al partido gobernante. En el ejemplo norteamericano, en donde republicanos y demócratas no cesan en sus confrontaciones, casi siempre se logra sacar algo a favor del ciudadano. Y estemos claros en algo: de ningún modo es el modelo óptimo. Porque en términos políticos, vemos todo tipo de ejemplos en el mundo. Pero si se trata de ver con perspectiva histórica, un bipartidismo bien ejercido, trae, para los ciudadanos, los mejores resultados, incluyendo, por supuesto, el fortalecimiento de la democracia (gobierno del pueblo). Dicho de otra forma y modificando un poco la frase de Churchill, se podría decir que el bipartidismo es el peor de todos los sistemas democráticos, con excepción de todos los demás.
En nuestro país, el multipartidismo tiene el control del directorio. Y su labor, solo se podrá sopesar con el paso del tiempo. Es imperante que en función de lo anterior exista una reinvención legislativa. Es necesario que todos los partidos, sin excepción, adopten otro modelo de trabajo con enfoque propositivo. Que además, emerjan del silencio, diputados que en el pasado no han querido figurar y que dada su investidura, se comprometan a sacar adelante todos los proyectos-país de forma que la alianza se justifique por sus logros. Y simultáneamente, quienes siempre figuran (y no siempre por las mejores razones) o bien que se hagan a un lado, o bien se organicen y se reinventen en la consecución de logros. Estamos en tiempos de cambio y al menos hasta ahora, pareciera que todos los partidos tienen al menos, las buenas intenciones de trabajar en serio.
Nos queda la madurez . De lo acontecido el primero de mayo, queda sembrada la duda, respecto de la madurez emocional de la oposición y el partido de gobierno, y la forma en cómo se manejarán las pugnas dentro del seno legislativo este año que comienza. ¿Tendrán los diputados la madurez necesaria para enfrentar diferencias y dificultades? ¿Para negociar con sabiduría y responsabilidad?
Por eso, el tema de fondo, no es tanto si nos sirve o no el multipartidismo. Es si se ha alcanzado la madurez suficiente para sacar la tarea adelante. En la Asamblea, quien demuestre tener madurez, mostrará inteligencia, cordura, sensatez y ganará puntos ante la opinión pública. Los diputados deben ser ejemplo para todos, en el entendido de que, la madurez se alcanza, cuando la persona se preocupa más por los demás que por sí misma.
Doña Laura Chinchilla ha recalcado su interés en estar abierta al diálogo y la oposición lo sabe muy bien. Pero también la oposición debe entender que no por tener ahora el control del directorio, puede adoptar poses triunfalistas, o peor aún, totalitarias o tiránicas. El diálogo se sustenta en la reciprocidad. El Gobierno está haciendo los mayores esfuerzos por rectificar proyectos y agendar aquellos que sean de la mayor importancia para el país. Entre tanto, es deber de don Juan Carlos Mendoza, asumir su rol como verdaderamente se le exige: ser la contraparte del diálogo y por ende, servir de puente conciliador y ser consecuente con las concesiones que ha hecho doña Laura, de forma que los ciudadanos veamos que tanto él como la oposición, también ceden para que los proyectos del Ejecutivo avancen en la agenda legislativa.
¿Y nuestra democracia? Ese día, fuimos testigos de diputados que lanzaban gritos de revolución, de alarma y caos, del rompimiento del orden constitucional. En el caos colectivo y al calor de los acontecimientos, algunos de los diputados de oposición, acusaron al PLN de golpe de Estado. ¿Será acaso válido asumir estas posturas tan extremas? Cabe además preguntarse: ¿cuál es la ideología de un diputado que, aprovechándose del momento, provocaba a las masas, y las incitaba a tirarse a las calles?
Debemos estar claros: la democracia, ejercida por los tres poderes, nunca dejó de funcionar. Si la Asamblea Legislativa se detiene en sus funciones (como sucede en muchos otros momentos a lo largo del año), el Ejecutivo y el Judicial no, y siguen con sus actividades normales. Además, la democracia no se debilita, ni se daña, ni se empaña. Democracia es algo mucho mayor. Es responsabilidad moral, es libertad con límites, madurez.
La democracia también la ejercemos nosotros, los ciudadanos que vamos diariamente a nuestros trabajos sin que nada nos lo impida, que tenemos total apertura a los medios y damos nuestras opiniones sin ser perseguidos. Y democracia es, ante todo, leyes bien definidas y puestas en práctica para el beneficio de todos. Por eso, los diputados no pueden perder de vista que son ellos, quienes fortalecen aún más la democracia, legislando bien. Esperemos que el Legislativo y el Ejecutivo, lo demuestren con resultados.