Si en la película Boogie Nights: Juegos de placer (1997), el joven director Paul Thomas Anderson mostraba un manejo muy fino de la ironía y de la irreverencia con su historia, amén de un muy buen manejo de la puesta en escena, he aquí que ahora -con Magnolia- demuestra que eso no era una casualidad.
Magnolia es el nombre de una calle y, por ahí, el filme se permite hacer un análisis de la conducta de diferentes sujetos golpeados por sus propias circunstancias. Sin embargo, la película es más: intenta demostrar los vínculos tenues que hay entre personas distintas, como si todos cantaran la misma canción en igual momento, pero en lugares diferentes.
Por eso, el filme Magnolia no es solo una historia, es lo que muchos llaman un "mosaico" (cine coral), donde cada historia tiene su propia dinámica y todos los relatos juntos establecen un proceso de ritmo creciente. Esa reunión de historias es también mezcla de lo ordinario y de lo extraordinario (todo puede suceder: hasta una lluvia de ranas; ¿no lo cree?, pues hay que ver la película).
Ese laberinto de relatos (uno por cada personaje) es un abanico de emociones, y Magnolia abre y cierra como ese abanico, donde todo y nada sucede por casualidad. Por eso son tan importantes todas y cada una de las actuaciones. Por dicha son tan buenas: Tom Cruise, Julianne Moore, Jason Robards, Melora Walters, William H. Macy, Philip Baker Hall..., en fin: ¡todos!
Mientras tanto, la acción es interrumpida -a ratos- por carteles de estilo meteorológico que, más que el tiempo, parecen dar la temperatura propia de la película.
Magnolia es un filme cuya exhibición, en la Sala Garbo, se anunció y postergó. Al fin se estrenó y se ha convertido en éxito de crítica, con el elogio generalizado de legos y especialistas. Hay que verlo, sin duda.
Cómo, dónde, cuándo
Magnolia se exhibe en Sala Garbo.Entrada: ¢1.300.Horario: 3, 6:45 y 9:45 p. m.