Nuevamente, el director Martin Scorsese y el guionista Paul Schrader unen talentos para darnos una película sórdida, acuciante y nocturna titulada Vidas al límite, donde las densas e infernales noches de Nueva York son vistas por un paramédico y conductor de ambulancias de emergencias llamado Frank Pierce (el actor Nicolas Cage).
Así es, se trata de un viaje a los infiernos en ambulancia (recorrerlo en ambulancia), mientras un submundo de alcoholismo, drogas, prostitución, abandono, miseria y dolor carcome el corazón de una ciudad contradictoria, que no otra cosa es Nueva York.
Los viajes de Frank Pierce, con sus respectivos y distintos compañeros de ambulancia, son viajes de rescate y redención para gente que subvive en la marginalidad inhumana, y es también un viaje hacia el interior de muchos de esos sujetos, incluido el propio Frank (muy buen manejo del monólogo interior).
Scorsese y Schrader (quienes ya habían trabajado juntos en películas como Taxi Driver, Toro salvaje y La última tentación de Cristo) estructuran un relato que agobia sin desmayo, sin pausas, sin contemplaciones inútiles. En ese relato, los personajes son la expresión individual de una realidad sórdida, ellos por sí y en sus relaciones, sobre todo las de Frank Pierce con la exdrogadicta Mary Burke (Patricia Arquette).
Testigos del drama social -y del de Frank- son sus compañeros Larry (John Goodman), Tom (Tom Sizemore) y Marcus (Ving Rhames). Precisamente, todos esos personajes resultan bien interpretados, mejor que el protagónico Nicolas Cage, quien -como siempre- actúa de manera monocorde.
La puesta en escena demuestra el dominio (ya casi natural) que Scorsese tiene de la realización cinematográfica, evidente en la planificación y en propuestas visuales magníficas. Vidas al límite es una película visceral, cita obligada con el buen cine.
Cómo, dónde, cuándo
Vidas al límite se exhibe en Cariari, San Pedro, Cinemark.
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.100 (según la sala); precio especial para pensionados.
Horario: Funciones regulares.