Quito, 9 may (EFE).- El ex presidente ecuatoriano Gustavo Noboa, bajo arresto domiciliario acusado de supuestas irregularidades, verá frustrada de momento su vuelta a su añorada vocación por la enseñanza tras su controvertido paso por la política.
Noboa, quien abandonó el poder en 2003 con la esperanza de volver a la cátedra, a la que había dedicado buena parte de su vida, se encuentra desde el pasado domingo bajo arresto domiciliario acusado de supuestas irregularidades en la gestión de la deuda exterior nacional durante su mandato, apenas mes y medio después de volver al país del exilio.
El ex gobernante, que pese a su situación no ha perdido su característico buen humor, pasa en su vivienda uno de los momentos más complicados de su vida política, que tuvo su mayor resplandor cuando asumió la presidencia de la República en enero de 2000 tras el derrocamiento del jefe de Estado, Jamil Mahuad.
El ex presidente, casado con Isabel Baquerizo y padre de seis hijos (María Isabel, Pablo, Laura María, Carmen Elena, Diego y Susana), nació el 21 de agosto de 1937 en Guayaquil, ciudad donde se formó y por la que siente gran apego.
Sin afiliación política, Noboa ha sido catedrático en varios centros educativos secundarios de Guayaquil, así como en la Universidad Católica de esa misma ciudad.
Ha presidido la Comisión Interinstitucional para el análisis de la Educación Superior en Ecuador y la Comisión de Investigación Científica y Tecnológica del Consejo de Universidades y Escuelas Politécnicas (CONUEP).
Fue miembro de la Honorable Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores, así como de la delegación ecuatoriana para las negociaciones que pusieron fin al histórico desacuerdo limítrofe con Perú en octubre de 1998.
También ha sido gobernador de la provincia de Guayas (cuya capital es Guayaquil), presidente de la Junta de Defensa (Protección) Civil y de la Comisión de Tránsito de esa jurisdicción.
Su historial personal también destaca su paso como alto cargo de un ingenio azucarero, aunque su mayor contribución es educativa.
Gustavo Noboa, el segundo de nueve hermanos, dirigió con acierto la Universidad Católica de Guayaquil y esa condición le impulsó a convertirse en el candidato a la vicepresidencia junto a Mahuad.
El 21 de enero del 2000, un movimiento cívico-militar dio un golpe de Estado y depuso al presidente. A las pocas horas, los golpistas, entre ellos el entonces coronel Lucio Gutiérrez, se disolvieron y entregaron el poder al vicepresidente Noboa, que lo aceptó.
Tras asumir la Presidencia, en las instalaciones del Ministerio de Defensa y no en el Parlamento, Noboa ratificó el mantenimiento de la dolarización, que ideó Mahuad, y se mantuvo en el cargo hasta enero de 2003, cuando asumió el poder Gutiérrez, quien ha sido derrocado en abril pasado.
Noboa aseguró al asumir el mando que quería pasar a la historia por haber sacado al país de la peor crisis económica y dejado una situación macroeconómica estable.
Pero el país no sintió las bondades económicas mencionadas por Noboa, quien, en 2003, apenas seis meses después de abandonar la Presidencia, tuvo que refugiarse en la embajada de República Dominicana, tras abrirse contra el un proceso por las denuncias del ex presidente socialcristiano León Febres Cordero.
En esa legación se declaró "perseguido político", solicitó asilo y, después de que Gutiérrez le concediese al salvoconducto, viajó a la República Dominicana donde estuvo veinte meses.
Aprovechando una providencia del pasado 31 de marzo de Guillermo Castro, a la sazón presidente de la Corte Suprema de Justicia, en la que anulaba los juicios contra varios ex mandatarios, Noboa regresó a Ecuador el pasado 3 de abril.
Al llegar a Ecuador aseguró que finalmente se había "hecho justicia", pero una vez que fue destituida la Corte Suprema de Justicia y derrocado Gutiérrez, la Fiscalía retomó los casos argumentando que las disposiciones de Castro no habían sido ejecutadas.
En ese marco, la Fiscalía ha ordenado el arresto domiciliado de Noboa, quien incluso antes de tener custodia policial en la puerta de su residencia, aseguraba que no se iría del país y que se quedaría para "dar guerra" a la corrupción. EFE
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