El Premio Nobel de Química fue otorgado ayer a los estadounidenses Peter Agre y Roderick MacKinnon, cuyos hallazgos sobre los canales moleculares han contribuido a mejorar la comprensión de enfermedades renales, cardiacas, musculares y neurológicas.
Los científicos han consagrado sus estudios al comportamiento del agua y las sales (iones) en las células.
En 1988, Agre demostró que las células están dotadas de canales específicos para transportar el agua, elemento que conforma el 70 por ciento del cuerpo humano.
Con 54 años, es catedrático en Bioquímica y Medicina en la Universidad John Hopkins de Baltimore. También es miembro de la Sociedad Americana de Biología Celular y de la Academia de Ciencias.
MacKinnon, de 47 años, fue distinguido por su hallazgo de otro tipo de canales en la membrana celular, los canales de iones.
Estos desempeñan un papel importante en el funcionamiento de los sistemas nervioso y muscular.
MacKinnon es catedrático de Neurobiología Molecular y Biofísica en la Universidad de Rockefeller. Aunque su idea inicial era practicar la medicina, acabó dedicándose exclusivamente a la investigación.