
LIMA (AFP) - América del Sur debe convertirse en una región libre de bombas de racimo, reclamó el lunes la activista social Jody Williams, Nobel de la Paz, quien participará el miércoles en la conferencia internacional de más de 100 países que impulsan la prohibición de esas municiones.
"Nos gustaría ver que América del Sur sea una región libre de bombas de racimo, y que se sume a América Central que fue la primera región del mundo en declararse libre de minas", dijo a periodistas en Lima Williams, quien integra la Coalición contra las Municiones de Racimo (CMC, por sus siglas en inglés).
"Las bombas de racimo son bombas asesinas, son racimos de muerte. Por eso, queremos ver esa declaración al finalizar la conferencia el 25 de mayo", instó la activista estadounidense Williams, galardonada por su lucha a favor de la prohibición de las minas antipersona en 1997.
La capital peruana acogerá del 23 al 25 de mayo a delegados gubernamentales de más de un centenar de países involucrados en un proceso iniciado por 46 países en Oslo, en febrero 2007, destinado a concluir en el 2008 un tratado internacional que prohíba las bombas de racimo.
Entre los participantes figuran países que almacenan municiones de racimo y que han usado y producido este tipo de armas: Reino Unido, Francia y Alemania. También intervendrán países afectados, como Líbano, Laos, Camboya y Afganistán.
China, Rusia y Estados Unidos, los mayores productores de estas municiones, rechazan la prohibición de estas armas.
Argentina, Brasil y Chile son los únicos países fabricantes de las municiones de racimo (bombas, cohetes, artillería) en América Latina.
El coordinador de la CMC, Thomas Nash, deploró que Brasil esté ausente de la conferencia "lo que representa un notorio agujero por el peso de Brasil en la región". Santiago y Buenos Aires firmaron la Declaración de Oslo (Noruega).
La sociedad civil internacional se ha movilizado como paso previo a la reunión gubernamental y celebrará un foro regional este 22 de mayo en Lima, para presionar a los gobiernos a sacar adelante una declaración prohibiendo las bombas de racimo.
Bajo el paraguas de la CMC se encuentran Human Rights Watch, Landmine Action, Norwegian People's Aid, y Handicap International, entre otras ONGs ligadas a la lucha contra las minas terrestres y la defensa de los derechos humanos.
Según Handicap International, 400 millones de personas viven en zonas contaminadas por dichas armas, sobre todo en el Medio Oriente, donde las usa Israel, en la ex Yugoslavia y en países del sudeste asiático, donde Estados Unidos las utilizó masivamente en los años 70.
Desde Laos, en la década de 1960, hasta Líbano el 2006, la mayoría (98%) de muertos o heridos por bombas de racimo han sido civiles y, entre éstos, los niños (35%), indicó un reporte de Handicap.
Las bombas de racimo son disparadas desde tierra o lanzadas desde el aire y se abren para esparcir submuniciones explosivas sobre amplias superficies, provocando graves daños, especialmente a civiles.
Al tocar el suelo estallan, pero muchas submuniciones quedan intactas y pueden mantenerse durante años como potenciales amenazas, detonando al menor contacto.
© 2007 AFP