UNA BRUJA QUE CRECE, es lo que sucede con la película El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project), que ahora llega a la cartelera del país y que, desde mucho antes, ha tenido una eficaz campaña de mercadeo. El filme está dirigido y escrito por dos realizadores noveles: Daniel Myrick y Eduardo Sánchez.
El proyecto de la bruja de Blair arrancó cuando ambos directores propusieron hacer un falso documental acerca de un bosque embrujado. Ellos querían "inventar" un documental que pasara como veraz, pero que en realidad fuera cine de ficción.
Eso sucedió en 1992, y la idea era un proyecto para final de curso de los jóvenes realizadores universitarios. Así nació la leyenda negra sobre un bosque donde se pierden tres estudiantes de cine, en condiciones bien sospechosas que tienen que ver con brujerías, horrores y razones nunca explicadas.
Cuando surgió la posibilidad de llevar este falso documental al cine, se alimentó antes todo un espectro de noticias sobre el tema (igualmente falsas). Así, se creó un mundo imaginario que encontró en Internet su mejor vehículo de expansión. Lo primero que se hizo fue filtrar en Internet la falsa leyenda sobre el bosque de Blair y su bruja, los crímenes allí cometidos y un (falso) diario de una persona desaparecida en ese bosque.
Con el tiempo, fue cosa de ir alimentando esa dirección electrónica (www.blairwitch.com) con más y más datos (ya lo saben: la imaginación no tiene límites). Entre tanto, fueron escogidos los actores para una propuesta fílmica audaz e interesante: Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams.
Ellos interpretan a tres estudiantes que se meten al bosque a investigar durante una semana, armados de sus cámaras (una de 16 mm y otra Hi-8), quienes van a sufrir los más enigmáticos sucesos en una escalada de acontecimientos que llevan al terror.
Precisamente, esos sucesos ilógicos quedan registrados en los rollos de película y en los videocasetes (supuestamente) encontrados en el bosque, donde cámara en mano los jóvenes filmaron sus pánicos y sus angustias. Es lo que nosotros, espectadores vemos y nos "tragamos" como verídico, por lo que la película nunca abandona su estilo documental.
No hay duda, El proyecto de la bruja de Blair se atreve a ser diferente en su estilo visual y en su complejidad narrativa; aunque en mucho es esa originalidad su propio talón débil: el filme se agota en sucesos inútiles y en conversaciones innecesarias entre los personajes (porque ellos lo filman todo); además, el estilo mareante de las cámaras (falsamente subjetivas) resulta más bien cansado y termina por evidenciar todo el artificio de la película (al contrario de sus pretensiones).
Eso no quita que hay buenos momentos y secuencias (el clímax, por ejemplo) en su propuesta novedosa, muy lejos de lo que se consume tradicionalmente en Hollywood. Con ese interés debemos ir al cine.
Así, al fin y al cabo, lo que queda es una historia de miedo alimentada por la red de Internet, de cuyos resultados el público será el mejor testigo.
Cómo, dónde, cuándo
El proyecto de la bruja de Blair se exhibe en Magaly, San Pedro, Colonial, Cariari, Plaza Mayor y Cinemark.
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.200, según la sala (pensionados pagan la mitad).
Horario: Funciones regulares.
Inicio: Mañana.